martes, 27 de marzo de 2012

05. Elogio de la lentitud




Parar. Parece sencillo, ¿no? Desacelerar. Detenerse. Descansar. Acciones que no deberían suponer mayor esfuerzo y que sin embargo son empresas en las que fracaso estrepitosamente a diario. He redefinido el concepto de parar y, es que, para mí, parar es que las actividades propuestas para el día se organicen fluidamente, una detrás de la otra, sin que se me requiera el don de la ubicuidad.  A veces he pensado que lo conseguiría, estar en dos sitios a la vez; como si por evolución espontánea de la especie pudiera dividirme para hacer varias cosas a la vez. Multi-tasking. Eso que dicen que los hombres no pueden hacer y es una de las virtudes femeninas. Pues ya podríamos parecernos más a los hombres… Al menos en esa particularidad. A pesar de todo, el estrés no gobierna mi vida. He conseguido centrar mi atención en cada una de las actividades que hago y sólo pensar en aquello que está entre mis manos en ese momento justo. Ya me preocuparé de las que vienen después, si es necesario. Y es que he vuelto a releer un libro estupendo para gente ocupada como yo: “Elogio de la lentitud” de Carl Honoré. En él se habla del movimiento de la lentitud (Slow Movement), que no es que te muevas por la vida lento como un caracol. Más bien, este movimiento que se fundó en el 1986, promueve la idea de hacer las cosas a la velocidad adecuada, en el momento adecuado; ni más rápido, ni más lento, sino dedicarle el tiempo justo que se necesita para cada cosa. El tempo giusto: no es hacer las cosas lo más rápido posible, sino lo mejor posible.

Honoré cambió su manera de ver el mundo cuando pensó que sería buena idea leer cuentos de 60 segundos a su hijo pequeño de cuatro años. Le hizo reflexionar profundamente sobre el ritmo de vida que llevaba. Todos hemos tenido esa llamada de atención en algún momento de nuestras vidas pero, por alguna razón fuera del entendimiento, la hemos decido ignorar porque parece que no está bien visto ralentizar tu vida. Y que conste que decelerarar no significa que a partir de ahora te muevas por el mundo como una tortuga!! Sino que aprendas a saborear la vida en cada segundo. Aún así, yo soy una de tantas que a pesar del toque de atención ya me llegó, sigo mirando para otro lado. Es verdad que he empezado a reflexionar sobre mi manejo del tiempo y para prueba este blog aunque la velocidad que nos rodea a diario imposibilita una reflexión seria sobre el asunto porque a menudo acusan de perezosos a aquellos que deciden cambiar el ritmo de vida. Sí que es cierto que  todavía me queda mucho camino por andar para seguir a pies puntillas las consignas del movimiento slow, pero debo confesar que he ralentizado mi vida considerablemente en los últimos dos años aunque a veces vuelvo a caer en la velocidad, porque es como una adicción difícil de dejar. Hay cierto sentimiento de riesgo en la rapidez de hacer las cosas, y ese subidón de adrenalina es lo que me mantiene enganchada a la celeridad. Afortunadamente, la vida se encarga de ponerme en perspectiva cada vez que pierdo el norte y vuelve a darme un toque de atención. La última vez me ocurrió mientras celebraba mi cumpleaños con unas amigas en un restaurante hindú. 


Quedamos en ser puntuales a la cita y es que nos cuesta a todas llegar a la hora en punto a los sitios. Extrañamente todas llegamos a la hora acordada y entramos con ganas de cenar. La camarera nos tomó nota y aquello fue el inicio de una noche de despropósitos por parte del servicio de restaurante: nos sirvieron los entrantes antes del aperitivo, el tiempo de espera entre plato y plato rondaba la hora y media, el misterio de tikka masala que no picaba ;-) y cerramos con la fusión de los cafés… A pesar del hambre que pasamos entre plato y plato y la poca profesionalidad de la camarera que nos tocó, fue una gran noche… Hacía tiempo que no me reía tanto disfrutando de tan grata compañía… Y es que a veces el universo se alinea para que puedas apreciar lo importante de la vida, que no es otra cosa que los momentos que disfrutas de tus seres queridos y son esos momentos en los que se te olvida la hora que es o si te han traído el plato que pediste o no. Al final salíamos del restaurante casi a las 2 de la madrugada, la cena había durado casi cinco horas pero nos había parecido una exhalación. Amplias sonrisas se dibujaban en nuestros rostros y me fui a la cama con el regusto dulce que haber pasado una gran noche.
A la mañana siguiente, me acordé del libro de Carl Honoré que volví a releer inmediatamente y que me he propuesto seguir dentro de mis posibilidades. Sinceramente, no tiene desperdicio. Es un gran libro para replantearte el ritmo de vida que llevas. Para que os hagáis una idea, os dejo la entrevista que Carl Honoré concedió al programa Singulars donde explica la sinopsis del libro: “Elogio de la lentitud”. Disfrutad de cada segundo de ella y no os olvidéis de ser CARACOLES!!

Entrevista a Carl Honoré en el programa Singulars (en español aunque hay partes en catalán) 
 http://www.tv3.cat/3alacarta/#/videos/3357450 

lunes, 12 de marzo de 2012

04. Esperando el momento justo




No hace mucho fui a ver una pequeña gran obra de teatro “Sé de un lugar”. Tengo que confesar que la obra me atrapó desde el principio y no porque como espectadora me tocó sentarme en la mesa del comedor de los actores, sino porque derrochaba emociones por todos lados… Es una de esas obras que te toca el corazoncito, sobretodo porque muchos treintañeros como yo, podemos empatizar con ella perfectamente ya que habla de nuestra realidad más cercana. 


La historia no es más que una simple historia de amor con una poderosa banda sonora: la canción de Triana, “Sé de un lugar”; aunque no hay nada de simple en ella: El miedo al compromiso, el poder de las expectativas, la incapacidad de enfrentarse a la realidad que no gusta, el temor a la cruda verdad, la dilación del tiempo por no actuar…

Simó y Béré son dos personas que se asustan cuando descubren que se ha creado un vínculo entre ellos más fuerte de lo que esperaban. Renuncian a compartir sus vidas pero se ven condenados a permanecer entrelazados. Ese fuerte sentimiento trastoca a Simó quien se aísla del mundo negándose a salir de su piso. Sólo tendrá dos visitantes recurrentes: Shahrukh, un indio que le hace la compra, y Béré, que le sigue manteniendo unido a la realidad. Hoy en día se prima la comodidad y la practicidad en eso de las relaciones personales, a veces lo menos importante es sentir ese vínculo que te une a la otra persona irremediablemente, sin un sentido aparente. El deseo de comprender qué está pasando en tu corazón ha acabado con grandes historia de amor. Es Simó quien habla de los “incapacitados emocionales” que buscan otros incapacitados emocionales en un juego amoroso perverso y es Béré quien utiliza a sus amantes siendo consciente de que no hay nada que le conecte a sus parejas. Mientras ambos ignoran el vínculo que “Sé de un lugar” ha creado en ellos.

La obra juega también con la soledad y la soltería. Béré dice en un punto que “está soltera pero tampoco está sola” a lo que Simó le responde “estoy solo pero tampoco me siento soltero”. ¿Cuántas parejas conocemos que están juntas por miedo a estar solas? ¿Y cuántas personas están solas porque sienten pavor al compromiso? Nos cuesta tanto escuchar lo que necesitamos que, como consecuencia, nos aislamos. Simó lo hace en su casa y Béré lo hace en su cotidianidad. Soledad en soledad, soledad en compañía. En ambos casos se renuncia a sentir por miedo al dolor, por evitar ser una “puta persona de mierda”.

Aún así, lo que podía ser una historia de amor digna de la más pastelosa película de Hollywood, se ve empañada por las expectativas que tienen el uno para con el otro. Uno espera que el otro reaccione de la manera que uno quiere que suceda y cuando no pasa, se crea frustración y una profunda infelicidad en las que se quedan encallados, varados como un barco en la playa, como un reloj parado. Así se dilata el tiempo en una especie de limbo doloroso porque, al no actuar, ambos sufren esperando que el otro dé el paso, esperando ese momento mágico donde los dos podrán estar unidos por siempre jamás. No es hasta que encuentran el valor de hablar, de sincerarse que todas las piezas del puzzle parecen encajar a la perfección. Es Béré quien recrimina a Simó citando a “Jorodowsky” que “uno tiene que aceptar que los otros no lo querrán como uno espera ser querido”. Simó, que parece no querer escuchar la verdad; no queda muy convencido sobre lo que le propone Béré y permanece escéptico ante la noción de lo que para Béré es “el amor incondicional”.

El final, obviamente no os lo desvelaré, porque hay que ir a verla. Es una de esas obras que mueven muchas cosas en tu interior, te despierta y te incita a rebelarte. Sin duda, una gran opción para tu tiempo de ocio.  

PS: Si no puedes ir a disfrutarla en directo, siempre puedes leer el magnífico guión que encontraréis en su página web. 
(en catalán)