lunes, 27 de agosto de 2012

18. Sobre madres e hijas: Cortando el cordón.



Me fascina el mundo celta. Todo él: desde los druidas hasta los tartanes, desde películas como Rob Roy, Braveheart o Robin Hood hasta la música de grupos como Lúnasa, Clannad, Capercaillie, The Chieftains, Loreena Mckennitt, Enya et al. Incluso mi figura histórica favorita pertenece a la cultura celta y no es otra que Boudica, reina guerrera de los icenos que se enfrentó valerosamente a los romanos que estaban conquistando las islas. Puede que en otra vida fuera una guerrera celta, una princesa poderosa con arco y flechas que luchara por la libertad de su pueblo. Así que cuando me enteré de que Pixar había creado a Brave no cabía en mí de gozo. Porque otro de mis intereses es la animación que cada día es más espectacular y más real. En un futuro cercano no harán falta actores reales!! O eso es, al menos, lo que yo creo.(Y si no mirad el pelo de Mérida!!)


La combinación perfecta: mundo celta y mundo Pixar. ¿Qué más podía pedir? Sí, una cosa, la traducción al castellano de la película. ¿Desde cuándo alguien brave es indomable? ¿Supone un problema tan grande que una chica sea valiente o valerosa que tiene que ser "indomable"? Ya se hace una lectura moral sobre el comportamiento de la chica antes incluso de que empiece la película. Y, sin embargo, Brave es una película para chicas. Los hombres que aparecen son una excusa, unos secundarios para hacer bulto (y mira que salen!!) pero se subraya el poder matriarcal tradicional de la cultura celta, donde las mujeres lograron la igualdad y se convirtieron en grandes guerreras y líderes que gobernaban los clanes con mano de hierro. Así que chicos, os aviso de antemano que ES UNA PELI PARA CHICAS!! :-P y es probable que no salgáis del cine tan entusiasmados como yo porque la disfruté como una niña en un parque de atracciones. 
Brave narra la historia de Mérida, una princesa celta adolescente que es el ojito derecho de su padre y un dolor de cabeza para su madre. Joven activa aficionada al arco y las flechas que tiene a un caballo como su mejor amigo y que odia comportarse como tienen que comportarse las princesas. Vaya, que la muchacha no está dispuesta a acatar las reglas fácilmente y mucho menos un matrimonio por tradición. En ese punto la relación entre Mérida y su madre se rompe. No se escuchan, ni se respetan y Mérida hace algo de lo que se arrepentirá casi de inmediato por cambiar su destino y a su madre. Pide un hechizo a una bruja para cambiar a su madre y digamos que las cosas no salen como Mérida esperaba: Su madre cambia, claro que cambia... Se convierte en un oso!

¿Y por qué en un oso? En el mundo celta el oso se relaciona directamente a la fuerza guerrera pero también se conecta a la Gran Madre con forma de luna (Osa, más conocida en el mundo celta como Artio).Tampoco pienso que el corto que abre la película sea una casualidad donde tres generaciones de barrenderos lunares se unen para barrer las estrellas que caen en la luna. Los tres tienen una manera de ver el mundo, una manera especial de trabajar. El abuelo y el padre intentan que el pequeño trabaje como ellos pero al final el nieto e hijo es capaz de encontrar su propia voz, su manera de colocarse la gorra, su forma de trabajar. La antesala perfecta a la historia de Brave.


Brave trata sobre las relaciones entre madres e hijas, de cómo unas intentan educar a sus hijas a su imagen y semejanza y las otras intentan encontrar su propio camino, su propio destino lejos de sus madres. Me recordó un poco a la relación con mi madre, de cómo llegó a ese momento crítico en que ninguna de las dos no nos escuchábamos porque estábamos seguras de que ambas teníamos la razón. Tras superar el conflicto ambas nos comprendemos mejor, respetamos nuestros espacios y hasta nos queremos más.


Brave trata sobre ese momento en el que se tiene que romper el cordón umbilical, donde la niña ya no es una niña, es una mujer independiente que necesita encontrar su propio destino que no necesariamente debe ser el que le marca su madre como el correcto. Elinor cree que Mérida tiene que casarse mientras que Mérida le muestra que es una guerrera valiente que tiene derecho a elegir su vida. Colocadas en  su perspectiva del mundo y el orgullo son incapaces de ver a la otra, de entender los motivos que hay detrás de  cada elección. El hechizo y sus consecuencias las saca del rol de madre e hija y las transporta a una misma situación de igualdad donde son capaces de verse por primera vez. Y es entonces cuando ambas recuerdan los lazos que las atan (la imagen del tapiz roto es bastante gráfica) pero aprenden que necesitan deshacer los antiguos lazos, para crear un tapiz nuevo con el que construir una relación más sana y feliz. Conocerse es la mejor opción para mejorar su relación. La aventura fortalece su relación porque se ven la una a la otra, se entienden mejor, se respetan y desde el respeto mutuo fundan una nueva mejor y profunda relación.
 


Sobre el oso en la mitología celta: 

lunes, 20 de agosto de 2012

17. Buscando al Príncipe Gris.



Indignación. Esa es la palabra: I.N.D.I.G.N.A.C.I.Ó.N. Ese es el sentimiento que tuve cuando cerré la última página de la trilogía de Cincuenta Sombras de E. L. James. Y "¿por qué?" Os preguntaréis. Es el libro de moda. Es uno de los libros que más se ha vendido en toda la historia (manda webs también la cosa) y tiene completamente enajenadas a todas las mujeres del mundo. No lo entiendo. Tantos años de lucha para conseguir la igualdad y perdemos el norte por un par de pantalones rico y atractivo. Parecemos groupies de una banda de  rock de segunda fila.

Y es que la fuerte estrategia de marketing que se esconde detrás de la historia ha sido algo más que efectiva (debería tomar nota). ¿Y qué se esconde detrás de tanta publicidad? El morbo. Nada más y nada menos que el morbo por leer una novela erótica sadomasoquista que acaba siendo el pastel de vainilla más empalagoso que he probado jamás porque literariamente, la trilogía, deja mucho que desear. Vaya que no es más que un best-seller veraniego.  Y como cualquier best-seller que se precie está escrito de una manera amena que hace que te enganche sin grandes palabros ni figuras literarias. Es más, si alguna vez perdiera mi preciado tiempo en volver a leer Cincuenta Sombras sería para contar las veces en la que la autora y traductora utilizan la expresión “y puso los ojos en blanco”. ¿Cuántas veces se pueden poner los ojos en blanco sin acabar con un problema de visión crónico? Cincuenta Sombras es fácil y rápido de leer como un menú de restaurante de comida rápida aunque la digestión posterior sea lenta y pesada. Es un precio que hay que pagar por ciertas acciones. Y es que toda acción tiene una reacción.
Y mucho marketing, mucho marketing… pero ¿de qué va Cincuenta Sombras? Pues de un guapo y rico empresario que se obsesiona por una chica del montón y sin experiencia y la colma de regalos caros, de atenciones y de viajes románticos. Ya sé que muchos pensaréis ¿y cuál es el problema? ¿No es esta la relación con la que todas las románticas empedernidas hemos soñado alguna vez? El problema es que Christian Grey es un Amo sádico, obseso, controlador y sobreprotector que vigila las 24 horas del día los movimientos de Anastasia Steele rayando incluso la frontera de una enfermedad mental al más puro estilo de   maltratador profesional. La autora lo excusa con una infancia dura y difícil en la miseria más absoluta y con una madre adicta que muere cuando él tiene cuatro años. Y como terapia personal el señor Grey decide mantener relaciones sadomasoquistas donde él domina y no deja que nadie le toque. Todo su mundo se trastoca cuando conoce a Anastasia, una alumna de literatura inocente e inexperta que es la primera en no caer a sus pies a la primera. Esto le supone un reto, una caza, un juego erótico que tiene unos efectos insospechados en Christian. Por primera vez en su vida está enamorado.

Y bueno no os voy a explicar más porque entonces sí que no vale la pena que os gastéis los 60 euros que vale la trilogía que ahora pensado así de repente da un poco de vértigo el dinero que he invertido en E.L. James. Sí que tengo que admitir que el primer libro es el mejor de los tres. Las escenas eróticas son bastante imaginativas aunque con el paso de las páginas se convierten en “un poco más de lo mismo” y acaban aburriendo; el ritmo es ameno y pasas capítulos casi sin darte cuenta; y el cliffhanger del final hace que no te quede otra que querer leer el siguiente. Pero no esperéis un libro que cambiará vuestra vida (ni tan siquiera la sexual).

Y ¿por qué me he indignado tanto si he leído bodrios parecidos con anterioridad? Porque creo que hay una estrategia del sistema social patriarcal clara de que las mujeres  bebamos los vientos por hombres con un nivel alto de testosterona y poder. ¿No hemos superado ya las jerarquías? ¿Qué hay de la igualdad de sexos? No os confundáis, no soy una feminista de esas que odian a los hombres. Creo en un acompañamiento de entendimiento mutuo donde ninguna parte de la pareja gobierne sobre la otra. Hay una cita de Sergio Sinay que explica a la perfección mi parecer sobre el asunto: "Dos que fundan un amor, son dos que fundan un país nuevo en un territorio virgen. Llegan a ese país desde patrias diferentes, desde culturas distintas, desde historias disimilares, quizás con idiomas desiguales. Pueden fundar ese país sometiendo uno de ellos al otro, para lo cual deberán atravesar una guerra, lamentar las pérdidas y convivir con el resentimiento. O pueden hacer de su país una nueva nación amorosa que se nutre de la diversidad y que, precisamente por eso, puede ser nueva y trascedente." (El Buen Amor). 

Pero no voy a ser yo quien  juzgue la relación entre Christian y Anastasia. Cada uno es libre de elegir libremente cómo y bajo qué circunstancias establecer una relación de pareja en dónde ambas partes sean felices. Lo que sí me preocupa es el éxito del libro, del alto número de mujeres que lo hemos comprado y leído. Que los libreros sin escrúpulos lo recomienden bajo la frase comercial “las mujeres mandan a sus maridos a comprarlos porque ellas no se atreven”. Sin duda, se hace visible un problema interno en las relaciones personales. ¿Realmente necesitamos a un Christian Grey en nuestras vidas que nos dé caña? ¿O nos identificamos más con una Anastasia Steele, la inocente  e inexperta que acaba conquistando a un millonario y viviendo una vida más que acomodada? Morbo, poder y violencia. La sociedad está involucionando.

Con esta entrada he roto una de las máximas más importante para mí: no comentar libros que no valen la pena o que no han movido algo positivo en mi interior (leo mucho más de lo que comento aunque sólo reseñe historias que han sido importantes para mi crecimiento personal). Pienso, sin embargo, que el debate es interesante y que si alguien decide leerlo tras este post espero y deseo que sea crítico con la lectura. Si leemos entre líneas en este best-seller veraniego sin pretensiones de pasar a la historia de la literatura por su calidad, se puede observar que se propone una sociedad bastante cruda y triste, un modelo de interacción social de poder y sumisión, de dinero y violencia, de morbo… alejado de cualquier forma de amor sincero y profundo respeto entre los amantes.   

P.S.: Y por si no fuera poco la adaptación cinematográfica ya está en marcha.


Entradas relacionadas: 04. Esperando el momento justo. 

jueves, 16 de agosto de 2012

EL DESPERTADOR





“Son las 6.45. Buenos días.” ¿En qué mal momento decidí comprar un despertador parlante? Me resisto a abrir los ojos. Quiero volver a dormir. Me giro y vuelvo a taparme la cabeza con las sábanas de algodón. Qué gusto. Un ratito más. “Son las 6.50. Buenos días.” Buff… No quiero ir a trabajar. Bajo con un manotazo la cresta del gallo que me informa de la hora. Si no me levanto en este preciso instante llegaré tarde. Otra vez. Mi jefe me va a matar. Pero quiero dormir. Y pronto me vuelvo a abrazar a Morfeo. 

“Son las 8.00. Buenos días.” Abro los ojos de golpe. Sobresaltado. ¿Las 8? Imposible. ¿Cómo me he podido dormir? Intento incorporarme pero no puedo moverme. Extrañado muevo la cabeza de izquierda a derecha. “Estaré cansado”, pienso. Vuelvo a incorporarme pero mi cuerpo no me responde. Mi cabeza cae como un peso muerto sobre la almohada. Respiro profundamente y “No pierdas la calma -me digo-. Todo esto debe tener una explicación razonable.” Los dedos del pie se mueven levemente. ¿Por qué entonces las piernas están ancladas al colchón? ¿Por qué las manos no me responden? ¿Por qué mi cuerpo es tan pesado como un yunque? La respiración no funciona. Me estoy poniendo nervioso, muy nervioso. “Son las 9. Buenos días.” En cuanto pueda moverme voy a estrellar el despertador contra la pared. Estoy furioso. Me siento frustrado. “De estas me despiden, seguro”. Da igual las horas que me pasé con el proyecto multimillonario que nos dio un premio internacional. No cuentan las horas extras. No valen los fines de semana sacrificados por poner informes al día. Mi cabeza da vueltas. ¿Qué me está pasando? Fijo la mirada al gallo que gira las agujas del reloj despacio, lento pero sin pausa. Cuando lo compré me pareció gracioso. Ahora creo que lo podría fulminar con la mirada. Tic-tac, tic-tac, tic-tac. “Son las 10.00. Buenos días.” La situación, aparte de absurda, es desesperante. Sigo sin poder moverme. 

Un nuevo ruido se une al del gallo. La música de mi móvil. Seguro que es mi jefe. Suena una y otra vez. Es inútil. No puedo contestar. ¿Cuándo se me ocurrió desactivar el manos libres? Qué tortura. El gallo y el móvil juegan un partido de tenis interminable, hasta que uno de ellos pierde por falta de batería. Suspiro. Es mediodía y sigo petrificado en mi cama sin entender qué puede estar pasando. Unas lágrimas resbalan por mis mejillas. Yo nunca lloro. Hasta hoy. Lloro, lloro y lloro hasta que mis ojos se secan. Seguro que están enrojecidos porque ahora me escuecen. Y no puedo rascarme. Acabo de descubrir una nueva forma de tortura. Mi cuerpo se ha rebelado contra mí. Sí. Es eso. Una rebelión. Un boicot. No. Se me está yendo la cabeza. ¿O no? 
La posibilidad de una rebelión corporal se me antoja sublime. Me cuesta tanto decir que no a todos que, que mi propio cuerpo me diga que NO quiere moverse, es hilarante. Cuando lo explique, no me va a creer nadie. Y me echo a reír. Río, río y río hasta que el dolor me atenaza el torso. Esto es surrealista. Mi cuerpo negándose a seguir mi ritmo acelerado, a mis horas interminables de trabajo, a mi agenda repleta de citas y actividades. Una huelga corporal. Lo nunca visto. Aunque pensándolo bien… Sí que necesitaba unas vacaciones. Las llevaba posponiendo porque nunca era el momento adecuado: la promesa de un ascenso, un proyecto importante, la fusión… Y cuando me quise dar cuenta llevaba cinco años sin descansar. ¡Qué vida más triste llevo! 
“Son las 15.00. Buenos días.” Me rindo. Mis ojos se cierran y caigo en un profundo sueño. Un sueño reparador. Un sueño ansiado. Un sueño esperado. Ya no escuchaba a mi gallo parlante.


Publicación de origen: http://www.paziencia.com/blog/el-despertador/      

lunes, 13 de agosto de 2012

16. “Sí sé quién era cuando me levanté esta mañana; lo que pasa es que me parece que he sufrido varios cambios desde entonces.”

“No estoy segura de quién soy, ahora, en este momento; pero al menos sí sé quién era cuando me levanté esta mañana; lo que pasa es que me parece que he sufrido varios cambios desde entonces.”

Lewis Carroll

Cuando inicié el blog, no lo hice por el afán de fama y tener una carrera como escritora de éxito. Lo hice porque era uno de esos ítems que reposaban pacientes en las listas existenciales de “cosas por hacer antes de morir”. El miedo al fracaso o no encontrar el momento adecuado son sólo excusas para no hacer esas cosas que en un momento de mi vida fueron lo suficientemente importantes como para aparecer en una posición más o menos favorable en esa lista de “cosas por hacer antes de morir”. Escribir un blog parece un sueño alcanzable: vas a blogger, te das de alta, eliges plantilla y ya puedes empezar a escribir. ¿Qué impidió que no lo hiciera antes? La excusa que he utilizado hasta la extenuación en mi vida es “no tengo tiempo” (y creedme cuando os digo que no sólo la he utilizado con el tema del blog). Pero sí que es cierto que el universo se alinea en una bella sincronía y te pone los ingredientes a tu alcance para que aquello que deseas suceda sin esfuerzo alguno. Es como una radio interna que va subiendo el volumen poco a poco, casi imperceptiblemente, hasta que llega un día que está tan alta que no la puedes ignorar más. En una milésima de segundo pasa del susurro al ruido más ensordecedor y en ese ruido caótico y sin sentido, allí reside tu música. La perfecta banda sonora que acompaña tu vida sin estridencias ni desafines. Sólo hay que querer escucharla. 

Cuando abrí mi blog, escuchaba algo parecido a una discoteca a las 5 de la mañana. No sabía hacia dónde iba, ni de qué iba a hablar exactamente y eso me tenía muy preocupada así que decidí hablar sobre otra de mis preocupaciones: mi relación con el tiempo. Y así mi blog nació, no con el afán de tener visitas, ni seguidores (es más creía que me leería mi familia y algún amig@ con demasiado tiempo libre y poco más); si no de calmar ese ruido molesto en mi cabeza. La verdad es que mentiría si os dijera que no estoy contenta con el recibimiento del blog. Mis visitas y seguidores van subiendo poco a poco, lentamente, como si la gente se tomara su tiempo en decidir si leer lo que escribo merece la pena ser leído o no. Tampoco se ha colapsado por el número de visitas, ni ha crecido tanto que se haya escapado de mis manos, hecho que me tranquiliza. Y mi saloncito va acogiendo a aquellos que quieren pasarse a leer aquello que yo necesito explicar. 

Y así he conocido a la hermandad bloguera, gente con las mismas ganas que yo de explicar cosas y que otros las lean y las comente. No deja de ser un movimiento social fascinante donde encuentras personas de lo más creativ@s: Desde escritores luchando por hacerse un hueco en la industria editorial, fantásticos ilustradores de todo tipo, críticos literarios o musicales o gastronómicos o cinéfilos… también encontré grandes cociner@s, gente que está despertando, que piensa que un mundo diferente es posible o incluso deportistas!!! En fin, es como si hubiera entrado en un mundo fantástico donde todos mis sueños se hubieran hecho realidad. La imaginación, la creatividad, el esfuerzo, el trabajo, la falta de sueño… Todo esto se puede ver a través de cada blog como una ventana abierta al interior de cada individuo. 

Utópico ¿verdad? Sí. La utopía a veces oculta la realidad porque al final todos escribimos para ser leídos, para ser comentados… Para alimentar nuestro ego y confirmar nuestra valía ante los ojos de los demás. Esta semana sentía que algo no iba bien, que no funcionaba. ¿Por qué mi última entrada no tenía tanto éxito como otras anteriores? ¿Había dejado de gustar? Otros blogs de mis colegas blogueros subían como la espuma y el mío se había estancado. ¿Por qué nadie parecía conocer mi blog o, en su defecto, mi página facebook del blog? La conclusión a la que llegué fue que tenía problemas con mis técnicas de marketing. Así que me puse manos a la obra y pedí consejo a blogueros con más experiencia. Porque una de las cosas que más me gusta de ser bloguera es el sentido de comunidad que existe: te ayudan si lo necesitas, te aconsejan cuando las dudas te atenazan o simplemente se preocupan si hay algún@ que hace tiempo no publica nada. Y mis gurús blogueros no me fallaron: cambia el fondo, personaliza el blog, publicita a otros… así hasta que la lista de consejos era tan larga que no sabía por dónde empezar. Me sentía abrumada y esa sensación era la que me ha concomido esta última semana. 
Esta noche al llegar a casa tras un fin de semana intenso, estaba cansada. No tenía ganas de leer, ni de matar neuronas delante de la tele. Así que me fui a mi ordenador con la intención de llevar a cabo alguno de esos sabios consejos. Pero en vez de trabajar, abrí mi carpeta de pelis y sin pensarlo mucho abrí el archivo de “El Cambio”. “El Cambio” es una entrevista ficcionada al Dr. Wayne Dyer quien explica los pasos a seguir para lograr escuchar la banda sonora de tu vida, para encontrar tu camino hacia la felicidad a través del Tao. ¿Por qué esa si tenía otras más comerciales? Pues cuando la vi, lo supe. Por la sincronía, porque las cosas suceden cuando no te esfuerzas porque sucedan y necesitaba escuchar aquello que tenía que decirme. La motivación. Había olvidado la motivación originaria de este blog, que no era la de tener un éxito arrollador, sino la de poner en orden mis pensamientos. Pero en el camino me perdí, me pudo más la ambición que intentar encontrar mi dharma, el sentido de mi vida. Tras verla me sentí tranquila porque comprendí qué me había estado pasando estos últimos días. 
Así que no voy a recomendar la película por su calidad cinematográfica (que no la tiene –aviso a cinéfilos empedernidos), ni os voy a decir que no os la podéis perder como he hecho en otras ocasiones. Quien sienta curiosidad por verla (tenéis el link más abajo) será porque ha sentido la necesidad de un cambio, de que algo no va bien y quiere, siente, necesita escuchar esa música que lleva en su interior. 
Gracias a tod@s por estar ahí, por apoyarme, seguirme, comentarme o leerme en silencio. Ahora me he dado cuenta de lo que es importante en este blog, que no son los números, ni las estadísticas; son los lectores, los que están al otro lado y aunque suene a peloteo, os puedo asegurar que los tirones de oreja van bien para recolocarte y ver las cosas desde una perspectiva más amplia. Mi ego ha agachado la cabeza y humildemente ha aceptado que lo realmente importante es la motivación sincera que hay detrás de cada acto que realizas.


36

Sin quieres que algo mengüe, 

debes antes permitir que se expanda. 

Si quieres liberarte de algo, 

debes antes permitir que florezca. 
Si quieres tener algo, 
debes antes permitir que te sea dado. 
A esto se le llama la sutil percepción
de cómo son y suceden las cosas.
Lo blando puede a lo duro. 
Lo lento puede a lo rápido.
Que tus obras permanezcan en el misterio.
Muestra a la gente el resultado. 
Lao Tse
Tao Te Ching

lunes, 6 de agosto de 2012

15. ‎"Sólo recuerdo la emoción de las cosas."

‎"Sólo recuerdo la emoción de las cosas." 



Antonio Machado
Las tres de la mañana y mis ojos, abiertos como platos, miran fijamente el techo. No puedo dormir. El calor es insufrible. Está todo abierto. No hay ni corriente. Me acabo de dar una ducha fría y, aún húmeda, el calor vuelve a inundar mi cuerpo. La batería de mi MP3 ha muerto. Así que miro el techo, desesperada. Estoy cansada pero no puedo dormir. Me pongo nerviosa y me giro con la esperanza de que un cambio de postura me ayude a coger el sueño. Mis ojos miran atentos los libros que rebosan en mi mesita de noche. ¿Leer? Estoy demasiado cansada. Pero, al final, no puedo resistirme. Enciendo la luz de la mesita y abro el libro por la primera página. La historia de Hervé Joncour abraza mi alma de inmediato y me hundo en las palabras de una de las historias más bellas que han caído en mis manos: “Seda” de Alessandro Baricco.




Hervé y yo compartimos edad y espíritu aventurero. La historia de este intrépido comerciante de gusanos de seda se abre como un capullo en primavera lenta y elegantemente en capítulos con regusto a haikus en prosa. El libro es como un álbum de fotos, de postales de viajes coleccionadas con esmero. Y así Hervé pasa de ser soldado a comerciante de gusanos de seda y, en busca de los mejores ejemplares para hacer la mejor seda, inicia una serie de viajes por el mundo. Buscador incansable, las dudas lo atenazan cuando le ofrecen un viaje a Japón, a los confines del fin del mundo, un terreno casi inexplorado, exótico, misterioso… su esposa Hélène le dará la confianza que necesita para iniciar el viaje que cambiará toda su vida.  

Y es que hay viajes que te tocan en lo más profundo, que te ofrecen una posibilidad de vida exótica, una alternativa a una anodina cotidianidad. Hervé se queda enganchado al misterio, a lo que podría haber sido, a una idea, a un sueño sin cumplir, a la promesa de un amor prohibido… ¿Quién puede rechazar algo así? Yo he buscando incansablemente mi lugar en el mundo, aquello que me faltaba, la novedad, lo desconocido, el misterio… huir de mi anodina cotidianidad como si hubiera algo mejor, la promesa de la existencia de algo que me llenara ahí fuera en un país desconocido. Y así Hervé (como tant@s) camina por la vida como un hombre inacabado, como si hubiera podido tener una vida mejor, resignado con la vida tranquila que le ha tocado vivir junto a su Hélène.

Y es Hélène uno de los personajes más impresionantes de toda la historia: la invisible Hélène, siempre presente como una constante inalterable al lado de Hervé. Un amor tranquilo y paciente, una compañera de viaje incansable a la que Hervé no hace visible hasta que deja de estar a su lado. De repente, dota de la importancia necesaria la convivencia con su amada esposa y llora en silencio por no haber sabido quererla como ella se merecía, por no haber sabido aprovechar su leve vida juntos.

Yo siempre he pensado que hay personas en la vida que caminan a tu lado por un tiempo porque tienen una función que cumplir, algo que enseñarte. Hay veces en que esta misión está clara, pero en la mayoría de los casos, lo aprendido se hace patente una vez que esa persona ya no está en tu vida. Puede que sean lecciones dolorosas o momentos de alegría intensa, eso nunca se sabe.  Hay muchas Hélènes en nuestras vidas pero no las vemos  o no las queremos ver. Como le sucede a Hervé quien vive anhelando un amor prohibido mientras ignora que tiene el amor de su vida justo a su lado. Cuando abre los ojos ya es demasiado tarde.

Cerré la última página del libro con nostalgia, como quien vuelve de un gran viaje que ha transformado su vida, como si hubiera vivido una intensa lección vital. Hélène se había quedado en mi corazón a pesar de ser una actriz secundaria. La historia de Hervé, no era la historia que había leído. Hélène se había convertido en la protagonista de “Seda” casi sin darme cuenta, como un susurro en la noche. Un bostezo, el libro cerrado en la mesita, la oscuridad, la brisa en la ventana y por fin mis ojos se rinden al profundo sueño nocturno.