lunes, 25 de febrero de 2013

UN HECHO DEL TODO EXTRAORDINARIO



La casa llevaba cerrada ya demasiado tiempo. Abrí la puerta de entrada con esfuerzo. Las bisagras chirriaron oxidadas por las inclemencias del tiempo. Al entrar, el polvo suspendido en el aire atascó mis vías respiratorias. Fueron unos segundos de ataque furtivo. Mis ojos lloraron, mi garganta carraspeó. La oscuridad lo inundaba todo. El olor a cerrado era nauseabundo. La falta de luz me asustaba, así que me di prisa en abrir los porticones de madera. Una luz plateada suavizó la atmósfera. Entonces maldije aquella reunión eterna, el tráfico lento a la salida de la ciudad y los trabajos infinitos en la carretera. Me hubiera gustado llegar con luz diurna. Me hubiera sentido más segura.
Busqué la linterna en mi bolso. Los plomos deberían estar detrás de la puerta si recordaba bien. Y, como era de esperar, seguían allí. Los  subí y una luz mortecina inundó la estancia. Las bombillas estaban envueltas en madejas de telarañas que se enroscaban como las hiedras del jardín. Los muebles estaban cubiertos con sábanas descoloridas y amarillentas. Pasé el dedo por el mueble de la tele y se tiznó de gris. Me arrepentí de no haber llegado con más tiempo una vez más. Dormir con tanto polvo no debía ser bueno. Me encogí de hombros y me dirigí a la cocina. Dejé la bolsa de comida que llevaba en la encimera y abrí el frigorífico. Funcionaba. Respiré tranquila. Guardé la bolsa en su interior y me dirigí a la habitación.
Toqué el interruptor en la oscuridad. Una luz apagada me deslumbró por un segundo. Barrí con la mirada la estancia. Polvo. Sólo veía polvo. Puse cara de asco y salí a buscar mis trastos. Iba a pasar una buena temporada en aquella casa cansada y era lo que había. Tendría que servir. Había sido mi elección. Dejarlo todo y alejarme del mundanal ruido. Iba a escribir. Escribir mucho. No sabía sobre qué. Pero iba a escribir. En tres viajes lo tuve todo en la casa. Cerré con llave. Me di cuenta de la absurdidad acometida nada más escuchar cómo los seguros del  coche se cerraban. No había nadie allí. Nadie podría llevarse mi coche. Estaba segura.
Reposé mi cuerpo contra la puerta. Respiré profundamente. Me sentí tranquila. Atrapé mi maleta. La abrí encima del colchón y una nube de polvo me hizo toser con fuerza. Era irritante. Tosí, tosí y tosí hasta que las lágrimas empezaron a caerme por las mejillas. El polvo desapareció. Mis lágrimas habían encontrado la escusa perfecta para escapar y rompí en un llanto profundo mientras deshacía la maleta. Lentamente, las prendas iban adormeciéndose en los cajones recién desempolvados. 
Un delicado golpeteo me sacó de la tarea que realizaba. Busqué por toda la habitación. No llovía, no pasaba corriente por ningún lado, no había nada suelto… Y entonces la vi. Vi aquella polilla que chocaba una y otra vez contra la luz lánguida como si quisiera traspasar la bombilla para atrapar el ansiado sol artificial. Me limpié las lágrimas con las yemas de los dedos. Y sonreí. Me acerqué a la ventana y la abrí de par en par. Una fresca brisa me acarició el rostro. Cerré los ojos y respiré profundamente. Pronto escuché un aleteo sutil que me pasaba por el hombro. Acompañé con la mirada el camino de la polilla adentrándose en la oscuridad de la noche. Desapareció. El bosque la acogió en sus brazos. Y yo... Yo volví a respirar.  

También lo podéis encontrar en: http://www.paziencia.com/blog/la-ventana/





lunes, 18 de febrero de 2013

31. Algún día este dolor te será útil.


Quien me conozca ya sabe, a estas alturas, de mi alta resistencia al dolor. Es algo que me intriga pero tampoco es algo que me quite el sueño. Hasta el momento me ha sido muy útil esa resistencia al dolor así que no me voy a quejar por ello. Comprenderéis entonces el motivo por el que "Algún día este dolor te será útil" entró en mi lista de lectura. Tal vez encuentre respuestas, me dije. Quise no dejarme influenciar y deseé no caer en la lectura de las numerosas críticas que corrían por la web. Pensé que a través de él se me revelaría una gran verdad, la respuesta que tanto anhelaba. Y no pude resistirme. Leí las críticas y entonces mis expectativas para con el libro escalaron exponencialmente. ¿Qué hacía que no lo había leído ya? El nuevo "guardián entre el centeno" reposaba en mi mesita de noche y nunca parecía encontrar el momento de leerlo. Eso sí. Las críticas seguían poniéndolo  por las nubes. Una nueva obra de arte. El mejor libro del momento. No te lo puedes perder. Parece mentira que a estas alturas no haya aprendido ya. Si es que siempre tropiezo con las mismas piedras. El márketing, siempre el maldito márketing.

Creé la atmósfera ideal, busqué el momento idóneo, puse la música más adecuada, una manta, un té y abrí el libro. Ay chic@s... ¿Intuís ya hacia dónde voy? Las expectativas. ¿Por qué las crearemos? No voy a decir que sea una mala novela porque no lo es. Tiene una mordaz ironía que te engancha y un protagonista de lo más curioso. Pero no pasa de ahí. Los personajes corales no dejan de ser pantomimas planas que no llevan a ninguna parte y la trama es más que discutible. ¿Y qué se puede decir del final? En serio. ¿Tengo que decirlo? A mitad de la novela el escritor se pierde y las promesas de un final original, rebelde, que aleccione a la sociedad se diluyen en un sinsentido. Decepción. Las expectativas que se desmoronan como un castillo de naipes y dices... Vaya en un suspiro triste y cansado.

No todo es malo en la novela. Realmente la primera mitad resulta refrescante e inusual. La ironía lo embarga todo y James Sveck, el protagonista, no deja de ser inquietante. Es una novela iniciática donde James se pierde en la toma de decisiones. Que tire la primera piedra la persona que no se haya sentido nunca sobrepasado por la toma de decisiones en momentos cruciales de su vida. James no quiere ir a Brown, la exitosa universidad. Únicamente quiere irse al Medio Oeste, comprarse una casa en el campo y leer. ¿No es el sueño de muchos de nosotros? Apartarnos del mundanal ruido, de la sociedad, de las responsabilidades para ser felices haciendo lo que nos gusta, leer. James, inadaptado, desconectado de cualquier emoción, sin soportar a su familia e incapaz de establecer relaciones emocionales reales, obviamente acaba en la psiquiatra que lo reprogramará. El final no os lo explico pero a estas alturas podréis deducir que no se compra una casa en el campo y se dedica a leer, no?

"De algún día este dolor te será útil" me quedaré con el título y con alguna cita interesante como ésta:  
"Las personas, por los menos según mi experiencia, pocas veces se dicen cosas interesantes. Siempre hablan de sus vidas, unas vidas que no son muy interesantes, y eso me impacienta. En cierto modo, creo que sólo deberían decir algo si es interesante o es absolutamente preciso decirlo." (p. 46)  
No encontré mi ansiada respuesta y me arrepentí de haberme leído tantas críticas porque sé que si mis expectativas no hubieran sido tan altas, hubiera disfrutado más la lectura. No es una mala novela. Es otra más que no renueva el género. No dice nada que no hayan dicho muchas otras. Así que aún no entiendo por qué le han dado tanto bombo. Supongo que es por eso, porque no cambiará tu vida de un golpe. Algo sí que he aprendido, a no tener expectativas porque, cuando no las tienes, el dolor es menor. Sin duda, cada historia tiene algo que decir, sólo hay que saber verla por uno mismo. Lo que digan otras voces, es lo que otras voces han escuchado del libro y no tiene por qué coincidir con tu banda sonora.

lunes, 4 de febrero de 2013

30. GIRLS, naturally interesting.



En esta entrada no voy a hablar de un libro, lo dejaré para la próxima porque si no hablo de Girls, reviento. Estaba cocinando con la tele haciendo ruido de fondo cuando dieron los ganadores de los globos de oro de este año y algo llamó mi atención. Girls. No sabía ni que que existía y eso, en lo que concierne a mí y a las series de televisión, era algo inaudito. Porque chic@s, a parte de escribir, leer y scrapear otra de mis aficiones es ver series de televisión (americanas e inglesas en su gran mayoría). No entendía cómo se me había podido pasar una ganadora de globos de oro así que me puse manos a la obra a investigar. Debo confesar que me desperté de golpe, me fascinó desde el primer minuto. Y eso de despertar fue casi literal. Sábado en pijama, la taza de café caliente, la tostada, bajo la manta delante de la tele, le doy al play y allí estaban Hannah y las chicas inundando mi salón con sus personalidades y sus neuras. 
¿Cómo os lo podría explicar? Girls es la versión hipster de Sexo en Nueva York. La serie narra las vivencias de un grupo de cuatro veinteañeras acabadas de salir de la universidad y sus vicisitudes para enfrentarse a la vida real en la ciudad de Nueva York. Todo ello sin el glamour de su serie predecesora, cosa que se agradece. Los personajes son mucho más reales, más de carne y hueso y la protagonista es magistral.   


 

Volvamos a la escena con la que abría la entrada. Yo misma desayunando enfrente de la tele un sábado por la mañana. Y Hannah. Hannah es una escritora en ciernes, "la voz de su generación o una voz en alguna generación". Trabaja como becaria en una editorial y no cobra nada, pero escribe. Sus padres deciden retirarle la asignación mensual que le daban para mantenerla en Nueva York y entonces Hannah tiene que enfrentarse al mundo sin la ayuda económica de sus padres. Decide pedir trabajo remunerado en la editorial donde hace de becaria pero la despiden. Y ahí empieza su aventura vital. Hannah no se amedrenta. Su personaje profundamente neurótico consigue sobrevivir gracias al apoyo de sus amigas, un "amigo con derecho a roce" bastante extraño y su anhelo de continuar creando. Hannah trasmite una seguridad tan grande, una personalidad tan peculiar que te olvidas de que es una chica con sobrepeso fuera del canon de belleza de cualquier serie que se precie. Su humor mordaz e irónico le confiere de un aura especial. 
Me recordó un poco a mí y deseé ser ella. A veces cuesta conectar con las actrices que salen porque no son físicamente reales, no son personas de carne y hueso y cuando alguien rellenito sale a menudo es en una comedia o para hacer una gracia sin transcendencia. Hannah consigue convertirse en la voz de una generación, de una parte de la juventud. Me hizo sentir a gusto con mi cuerpo y no tuve la necesidad imperiosa de ponerme a dieta tras ver el primer episodio. La sentí muy normal, muy real y era, extrañamente, una sensación novedosa para mí. Personalmente pienso que es el alma de la serie (además la actriz también es la escritora y directora del show). Total admiración por Lena Dunham. Yo de mayor quiero ser como ella. 
Los demás personajes son sensacionales. Comenzando por el "novio" Adam que es un actor muy "peculiar" por definirlo de alguna manera porque hay que verlo para creerlo; Marnie, la mejor amiga de Hannah, aburrida de un novio atento y perfecto al que le da pena dejar; Jessa, la bohemia y promiscua viajera; y Shoshannah, la virgen y púdica prima de Jessa admiradora de Sexo en Nueva York. El guiño a la mítica serie existe pero Girls hay que verla igualmente. De verdad que os la recomiendo. 
No todas las críticas han sido buenas. Hay quien la ha acusado de ser racista por no incluir a ningún actor de otra etnia y de oportunista porque las actrices son todas "niñas de papá", hijas de famosos y que por eso se dice que la serie ha tenido un éxito tan arrollador. Críticas aparte me gusta la serie. Pasé la mañana riéndome mientras veía Girls. Hacía tiempo que no veía nada tan diferente y fresco porque, la verdad sea dicha, las series están degenerando por momentos. No es fácil que algo te sorprenda y, a mí, Girls, me sorprendió.