sábado, 21 de marzo de 2015

38. Todos querían suicidarse pero ninguno quería morir.


Sinceramente hacía tiempo que no caía en mis manos un libro que valiera la pena reseñar hasta que en la lectura de este mes en el Club nos propusieron “Delicioso suicidio en grupo” de Arto Paasilinna. Ya el título era suficientemente goloso ¿no creéis? Aunque siempre hay esa incertidumbre inicial de cómo tratarán el tema de la muerte: ¿Será demasiado triste? ¿Estará en clave de humor? ¿Será muy gore? Y es que la muerte es un tema sobre el que cuesta escribir y se tiende a historias lacrimógenas de tono moralista que empalagan al lector.
Cuál fue mi sorpresa cuando Onni Rellonen deprimido en las festividades de San Juan por su última bancarrota decide suicidarse pegándose un tiro en un pajar cercano que parecía tranquilo. Al llegar al lugar elegido para su trágico final, se encuentra que alguien se le ha adelantado y está tratando de ahorcarse ante la atónita mirada de Rellonen quien interrumpe la tentativa del coronel Hermanni Kemppainen. En ese momento, ambos se dan cuenta de que no están solos. Y así comienza una gran amistad.


El conocerse cambia su estado de ánimo: están más contentos, hacen actividades juntos, comparten aficiones… y se dan cuenta de que su novedosa amistad puede ser muy útil para evitar más suicidios en Finlandia. El libro contiene una gran crítica a la sociedad finlandesa, al alto nivel de suicidios, de la envidia y la soledad de muchos ciudadanos. También se mencionan las políticas agrícolas, los problemas económicos, la posición de Finlandia en Europa y su relación con otras culturas. Un humor negro y mordaz que acompaña a los protagonistas en su viaje hasta el fatídico final.
Como iba diciendo Rellonen y Kemppainen (con la inestimable ayuda de una jefa de estudios, Helena Puusaari, que también desea acabar con su vida) organizan un movimiento social inaudito: una asociación de suicidas. Ponen un anuncio buscando gente que quiera compartir su deseo de matarse, celebran una conferencia donde se reúnen suicidas de toda Finlandia y es allí dónde deciden acabar con sus vidas todos juntos a modo de protesta. Un incidente inesperado en casa del embajador del Yemen, hace que las cosas se precipiten y el grupo de asociados deciden huir del país en autobús lo más rápido posible ante la posibilidad de que la policía los encarcele. Y así comienza la aventura de una  treintena de suicidas que deciden poner rumbo al Cabo Norte para tirarse por un acantilado todos juntos en un acto heroico. “Delicioso suicidio en grupo” es una tierna roadmovie hacia un final pactado. Sin embargo, a medida que el viaje se va desarrollando y se van recogiendo nuevos suicidas la nueva familia va reconectado con la alegría de vivir y el autobús se convierte en su hogar. No es de extrañar que al llegar al acantilado decidan posponerlo hasta Suiza, un lugar de montañas bucólicas ideal para morir. Y viajan, viajan retrasando ese momento elegido hasta llegar a Portugal donde tienen la gran revelación.

No voy a avanzar mucho más porque creo que es un libro que hay que leer. En una sociedad donde la soledad es cada vez más acuciante, donde la competitividad, la envidia y el egoísmo están a la orden del día; la comunidad que se crea en ese autobús de suicidas finlandeses da mucho que pensar. El amor, la amistad, encontrar un sentido a la vida, cambiar de aires, compartir, viajar… Los ingredientes perfectos para que el parásito mortal no te vaya royendo por dentro.
A pesar de ser un libro con cierto toque de humor, hay momentos dramáticos con las pérdidas inevitables de algunos personajes que, a pesar de los demás, no consiguen verle la luz a la vida porque hay veces que la luz se oculta tras el velo de la soledad, la tristeza o el dolor vital. Son muertes dignas y respetadas, pero muertes al fin y al cabo.
Es un libro dulce, divertido y esperanzador. Encontrar el sentido a la vida no siempre es fácil ¿o hay muchos que tengan claro su misión en la vida? Pero a pesar de las épocas oscuras; el sentido de pertenencia a un grupo, una tribu, que sienten y respiran como tú, que arropan, que sufren y padecen y hablan la misma lengua emocional ayuda a ver la luz al final del túnel. Y es lo que consigue este grupo tan peculiar: ven la luz en su viaje hacia la muerte y deciden posponerla para disfrutar de la vida, hacer aquello que les anima a continuar hacia adelante a pesar de las dificultades que se les crucen en el camino y ser simplemente felices.  
Afortunadamente yo me siento muy agradecida de tener a mi tribu que me acompaña, me arropa, me escucha y me muestra en muchas ocasiones que no hay que desfallecer, que realmente hay luz, sólo hay que saber verla y confiar en que llegará a inundar todo el horizonte como un precioso amanecer estival a la orilla del mar. Gracias, gracias, gracias.