lunes, 24 de septiembre de 2012

20. Nada

Y por fin cayó en mis manos una buena historia. Tras dejar mi última lectura (El Método de Juli Zeh) a la mitad por ser más mala que un dolor, una mezcolanza infumable de grandes obras maestras distópicas, una imitación desastrosa de 1984 de Orwell o Un mundo feliz de Huxley; NADA apareció como agua de mayo, una isla en mitad del océano, una lectura de estas que no puedes dejar de leer hasta el final, con un clímax que roza la intensa perfección.
NADA propone un conflicto existencial: La idea de que

“Nada importa. 

Hace mucho que lo sé.

Así que no merece la pena hacer nada. 

Eso acabo de descubrirlo." 
Y esta idea surge de un chico, Pierre Anthon, de 7º curso de una escuela de Taerig, Dinamarca. Es el primer día lectivo cuando Pierre tiene una revelación y decide dejarlo todo, salir por la puerta, subir a un ciruelo y contemplar el cielo sin hacer nada. Esto incomoda profundamente a sus compañeros de clase quienes deciden demostrarle que la vida tiene sentido y empiezan su cruzada personal para buscarlo. En la búsqueda crean una “montaña de significado” en una serrería abandonada para demostrarle a Pierre Anthon que se equivoca. El proyecto, lleno de buenas intenciones, no sale como esperaban. Cada objeto que exigen poner en la montaña implica un sacrificio cada vez mayor y más macabro en pos del tan ansiado objetivo: El significado de la vida. Todo parece valer desde la pérdida de la inocencia, la exhumación del ataúd del hermanito de dos años de una compañera hasta la amputación de un dedo. Y NADA, que en un inicio se podría confundir con un libro de autoayuda, se convierte en una novela de lo más oscura tirando a negra, de ese negro tan nórdico y que está tan de moda.
La mejor palabra para definir el texto es BRUTAL. Tanto en el desarrollo de la historia, como en el de los personajes, en el regusto final. Resuena a “El señor de las moscas” aunque con la salvedad de que los niños buscan una sociedad con sentido. Trabajan por llenar el vacío que ven en la sociedad en la que viven.
“¿Por qué finge todo el mundo que todo lo que no importa es importante lo es y mucho, y al mismo tiempo todos se afanan terriblemente en fingir que lo realmente importante no lo es en absoluto?”
El esfuerzo titánico que hacen por intentar demostrar que Pierre está equivocado se contrapone a las dudas que los acometen, sobre todo a la narradora de la historia, Agnes, quien confiesa al lector cómo hacen callar a Pierre para siempre porque “había ganado”. Tanto trabajo no había servido para nada y ahora, tras sus crímenes, la certeza de que “Nada importa” los tortura como el corazón delator de Poe. Cuando cerré el libro que había devorado de una sentada como el más exquisito de los banquetes, mi piel se erizaba. Tanto buscar para NADA, el sentido de la vida es NADA. Como concluye Pierre:
“El significado es significado. Por tanto, si en verdad lo hubierais hallado, seguiríais teniéndolo. Y la prensa de todo el mundo seguiría estando aquí para intentar descubrir en qué consiste. Pero la prensa no está aquí, ¡Por tanto sea lo que sea que habéis hallado no es significado porque éste, por supuesto, no existe.”
NADA es una crítica hiriente a la sociedad de la apariencia, a una sociedad en donde no hay cabida para preguntas transcendentes como la propuesta en la historia (el sentido de la vida), donde las personas que se plantean este tipo de preguntas son considerados hippies inadaptados que molestan a la masa y a los que es preferible hacer desaparecer para no escucharlos, para acallar sus voces.


Y es así cómo encuentro inaudito que el libro se haya prohibido en varias escuelas de Noruega o como en Alemania han habido llamadas a la editorial para que lo retiren de las librerías. Una vez más la sociedad da la espalda a las preguntas incómodas que puedan hacerlos conectar con algo desconocido, su interior. Así que ¿te has preguntado ya qué estás dispuesto a sacrificar por encontrar el sentido de la vida?

lunes, 17 de septiembre de 2012

19. La vuelta al cole: La educación prohibida


Empiezo el nuevo curso casi sin ser consciente de que el verano ha pasado como una exhalación. Ha sido un verano tranquilo, sin grandes fanfarrias pero era el verano que necesitaba. Entro en la rueda del inicio de curso por inercia, te subes al carro o te atropella porque además este año han vuelto los exámenes de septiembre. Así que disponemos de menos horas para preparar el curso porque, para que lo sepan el resto de los mortales, los cursos se tienen que preparar y organizar: Reuniones, exámenes, evaluaciones extraordinarias, horarios, compañeros. La cruda realidad se abre ante mí descarnada. Y no hay horas para todo.
Como muchos de vosotros ya sabéis soy profe de secundaria. Siempre había tenido vocación de profesora y aún recuerdo la pizarra que tenía de pequeña y las “clases” que impartía a mis peluches. Ahora llevo en esta profesión casi 11 años y con la perspectiva y experiencia ya hace unos años que empecé a plantearme si esta es la educación en la que creo, si este sistema educativo en el que enseño es efectivo, si tiene sentido enseñar inglés a niños que no les va ni les viene la lengua de Shakespeare. Y pensando, pensando… entré en una crisis vocacional que ya llevo unos años arrastrando. Eso me pasa por darle tantas vueltas a las cosas. ¿Podría ser la educación mejor? ¿Por qué no me siento cómoda? ¿Cómo descubrir la nota discordante para afinarla? ¿Qué impide fluir el aprendizaje de forma natural? 
Y mientras me hacía estas preguntas para las que no acababa de encontrar una respuesta clara por Facebook se compartía un vídeo cuyo título era de lo más sugerente: “La Educación Prohibida”. Tardé en verlo porque se me antojaba una propuesta como otras, sin mucho fundamento ni practicidad (así de quemada estoy con el tema, que ya no veo ni la claridad al final del túnel) aunque debo confesar que me llevé una grata sorpresa. Propuestas claras y que ya llevan a cabo con estupendos resultados algunos centros educativos. Un pequeño haz de esperanza atravesó mi corazón. Otra educación es posible. Una educación donde los niños aprenden a conectar con ellos mismos, con sus emociones; donde son ellos mismos los que deciden sus ritmos de trabajo y lo que quieren estudiar… Una educación donde el profesor es un mero facilitador de contenido, le da al niño aquello que le pide. No lo adoctrina ni le obliga a estudiar aquello que marca el currículum, el examen, el resultado final. 
Sin embargo, creo que la sociedad no está preparada para un cambio educativo de esa magnitud. Nos falta despertar y reconectarnos. Ver que un sistema educativo inspirado en el ejército prusiano, en la revolución industrial, en la manufactura… no responde al cambio social que el planeta necesita para salir de esta crisis mundial.
Cambiando la educación, cambiará el mundo. Es una lástima que los gobiernos no lo quieran ver. Creo que la razón principal es que se les acabaría el chollo de mano de obra barata, inculta, adormecida y dócil. ¿A quién podría explotar entonces? Las masas alzarían su voz para crear una sociedad mucho más justa y equitativa. Y eso, a fecha de hoy, no conviene. Por eso a los profes nos ponen cada vez más horas de trabajo, más niños por clase, más reuniones improductivas, más papeleo innecesario… para que así no puedas atender las necesidades de tus alumnos, para que el estrés se vaya comiendo tus ganas de enseñar, para que no tengas tiempo de facilitar el conocimiento a tus alumnos: se lo das machacadito para que lo digieran rápido. La educación de hoy en día es comida basura para nuestro cerebro porque adormece, crea adicción, atonta y predispone al sobrepeso de la ignorancia.


Así que me alegro de que haya propuestas diferentes y esperanzadoras que inciten a un cambio de sistema, a una reprogramación del sistema. Os invito a que veáis “La Educación Prohibida” porque todavía hay esperanza: Otra educación es posible.














lunes, 10 de septiembre de 2012

Vacaciones blogueras

Ahora que todo el mundo vuelve de vacaciones, me voy yo. El inicio de curso está siendo más complicado de lo esperado (exámenes de recuperación, evaluaciones extraordinarias, reuniones, programaciones, preparación del curso...) y necesito centrar mi atención en mi trabajo remunerado (y en mí misma). Así que voy a descansar de blog una semanita aunque podéis seguirme en: 
Perfil en Facebook: Érie Bernal. 
Perfil en Twitter: Esther Rodríguez 
Página en Facebook: En sentido contrario a las agujas del reloj.
La próxima entrada se publicará el 17 de septiembre y a partir de entonces los posts irán saliendo  puntualmente de manera semanal. Mientras tanto podéis releer entradas anteriores:
01. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. 
02. El tiempo es oro. 
03. Tempus Fugit: Sólo tú decides qué hacer con el tiempo que se te ha otorgado. 
04. Esperando el momento justo. 
05. Elogio de la lentitud. 
06. La hora de la verdad. 
07. Sant Jordi: El día del libro. 
08. Cinco mil kilómetros por segundo. 
09. Cómo no ser una drama mamá. 
10. Black Mirror y la tiranía de la tecnología. 
11. Don José: El perfecto funcionario.   
12. Maldito Karma: Siembra y recogerás. 
13. "Cada momento es único, no hay momentos vacíos." 
14. "Como una planta olvidada en un alféizar." 
15. "Sólo recuerdo la emoción de las cosas." 
16. "Sí sé quien era cuando me levanté esta mañana; lo que pasa es que me parece que he sufrido varios cambios desde entonces." 
17. Buscando al príncipe gris. 
18. Sobre madres e hijas: Cortado el cordón.
Gracias, una vez más, a tod@s los que me seguís. Nos vemos en una semana con las energías más que renovadas!! Un abrazo enorme!!
Érie