lunes, 23 de abril de 2012

07. Sant Jordi: El día del libro




Hoy es el día de Sant Jordi, uno de mis días favoritos en el calendario porque puedo dar rienda suelta a mi adicción: la compra de libros. Todo el mundo se lanza a las calles para adquirir el último bestseller y una rosa. Tal y como la tradición manda, el chico regala una rosa (y un libro si se siente generoso) y la chica un libro (lea o no el intercepto de turno). Es como un San Valentín en el que no tienes que pensar en una sorpresa pastelosa porque es la misma tradición la que te dicta lo que tienes que regalar.   No hace mucho escuché a un antropólogo que decía que los humanos necesitamos de las tradiciones para subsistir. Rutinas que se repiten periódicamente y que evolucionan a pesar de estar en una era moderna y digital. Me pareció curioso este hecho, que nos aferremos a las tradiciones de tal manera que ni tan siquiera las lleguemos a cuestionar. Yo no voy a criticar el día de Sant Jordi porque pienso que es una de las pocas tradiciones que fomentan algo bonito y cultural y, a pesar del mercantilismo y de los autores mediáticos, lo que más me gusta de este día tan especial es pasear por los puestos de las librerías, ver a la gente haciendo cola para cazar la firma de su autor favorito, el olor de las rosas que acompañan a los libros, y la alegría de la gente que, en la mayoría de los casos, comprará el único libro del año que tal vez, o no, consiga leer hasta el final en una empresa heroica sin parangón. 



En este día saco mi lista de libros pendientes que crece exponencialmente sin casi proponérmelo y voy de cacería. Me hago paso entre la marabunta de gente que se detiene en cada paradita de libros y estoy ojo avizor a ver si encuentro la presa que quiero, aquella que repose en un lugar de honor en el salón de mi casa. Es un ritual pagano que repito hasta que mi lista está tachada por completo. Pero, sin duda, lo que más me gusta de este día es encontrar libros diferentes, que han estado ocultos en estanterías lúgubres y oscuras y que salen a la luz del día en un día como el 23 de abril. 

Una de esas maravillas que apareció en mi vida fue un pequeño cuento que se titula “Yo mataré monstruos por ti” de Santi Balmes, el cantante del grupo Love Of Lesbian y que ilustra Lyona. Es una historia sencilla y dulce sobre el miedo a lo desconocido, sobre aprender a enfrentarnos a aquello que, al no conocer, tachamos sin razón como algo monstruoso. Martina y Anitram, niña y monstrua, se tienen miedo porque no se conocen y por eso tienen problemas para dormir en las noches oscuras cuando todo está en silencio. Es una emotiva historia para niños que muchos adultos deberían leer para abrir su mente y dejar de tener miedo a todo aquello que es diferente. Como dice el papá monstruo de Anitram: “El miedo es elástico, como un chicle. Se hace pequeño, hasta desaparecer, cuando tú te creces.”

Pero sin duda alguna lo más interesante del cuento es la imagen espejo que se crea entre las protagonistas, son las dos caras de la misma moneda… Como cada uno de nosotros, a menudo nos da miedo conocernos, conocer ese monstruo que está en nuestro interior y que fabrica un miedo a lo posible, a aquello que sólo pasa en nuestra imaginación pero que nos congela e impide que vivamos la vida con plenitud. Proyectamos nuestros miedos afuera pero donde realmente hay que mirar es en nosotros mismos porque una vez que te hagas tu amig@, podrás transformar tu vida. Así que si encontráis esta hermosa historia, no la dejéis pasar porque tras la lectura te plantearás: ¿Quién matará monstruos por ti? ;-) Feliz Diada a tod@s!!

lunes, 9 de abril de 2012

06. La hora de la verdad


No es ningún secreto que soy una “bookaholic”, una adicta a los libros, a la par que procrastinadora (como ya dejé constancia en la primera entrada de este blog). Por eso no sorprenderá a nadie que, cuando tengo que tomar decisiones importantes, me refugie en cualquier librería y compre cantidades ingentes de libros que me dicen alguna cosa. 


Hace unos días, el cielo estaba oscuro y tormentoso, era uno de esos días en los que me apetece quedarme en casa con un buen libro entre las manos, una manta en la falda, una taza de té caliente y música relajante pero tenía que salir a hacer unos recados. Obviamente, acabé en una librería pululando entre los libros como abeja entre las flores.  Ya me iba con un libro para regalar a una amiga, cuando algo hizo detenerme. Giré la mirada hacia el estante y atrapado entre ejemplares de la novela gráfica de Crepúsculo, encontré un libro que no hacía mucho había apuntado en mi lista de libros pendientes: “La inspiración dormida. El regreso a los colores olvidados” de Silvia G. Guirado.

¿Por qué lo encontraba justo ahora? Es todo un misterio. Lo cacé inmediatamente y abrí la primera página del prólogo donde ponía en letras mayúsculas: “TODOS TENEMOS UN PROPÓSITO EN LA VIDA, UN DON ÚNICO O UN TALENTO ESPECIAL QUE LLEVAMOS DENTRO… CUANDO LO EXPRESAMOS, LO COMBINADOS CON EL DON DE OTROS Y LO OFRECEMOS A LOS DEMÁS, EXPERIMENTAMOS EL ÉXTASIS DE NUESTRO ESPÍRITU.” Después de leer aquello entendí por qué lo había encontrado ese mismo día, en esta Semana Santa que me había tomado de descanso y reorganización vital. Tenía la impresión de que entre aquellas páginas, aquellas palabras, aquellas ilustraciones… encontraría la respuesta que andaba buscando.

Pagué y volví volando a casa para ponerme a leer, me preparé un té, mi mantita y opté por leer sentada en mi zafu aunque aún no supiera que tendría la revelación que esperaba como agua de mayo. La historia de Carmesina, una pintora que ha perdido la inspiración, es un viaje iniciático a la búsqueda de los colores originales y esenciales. Capítulo a capítulo Carmesina se enfrenta a sus propios miedos y dudas, siempre acompañada de Gato Negro y bajo la atenta mirada de personajes que viven en el país de los cuentos: Serafín, el desafinado; el maestro Chew Wang, Salero, Griselda, Fiamma… todos la acompañan en su camino y la ayudan a abrir las puertas que necesita para reencontrarse con la inspiración perdida. Desde el principio, la historia me habló directamente al corazón, era una historia tan familiar que me reconocía en cada palabra, en cada sentimiento, en cada miedo de Carmesina… Su viaje me recordó al viaje que inicié hace un par de años y me emocioné con las palabras de Gato Negro, aquellas palabras que explicaban mi vacío existencial a la perfección:

"Carmesina, sé lo que te ocurre, sé que andas perdida y que estás tornándote oscura. Has ido cubriendo tus rutinas de obligaciones que no te han permitido expresarte y te parece que la inspiración ha volado a otra parte. Pero es normal, Carmesina. A todo el mundo le sucede más tarde o más temprano. Nos acomodamos, nos conformamos con la gris oscuridad, incapaces de imaginar que puede haber algo más. Sin embargo, antes de que pase más tiempo debemos remediarlo." Gato Negro (p. 23)
Sin duda, aquellas palabras hubieran podido salir de mi boca. ¿Cómo alguien podía haber descrito aquel viaje tortuoso que hacía único a mi persona? Metida en la lectura mi corazón palpitaba, se emocionaba, lloraba, se fortalecía… sentía estar haciendo aquel mismo viaje, como si Gato Negro no acompañara a Carmesina, sino a mí. Al cerrar el libro, lo abracé como abrazas a un ser muy querido. Respiré profundamente y abrí el cajón de mis libretas olvidadas, afilé un lápiz del número 2 y rescaté una goma Milán cuadrada. Supe que no me había equivocado, que aquella era la decisión correcta y encontré la paz que tanto ansiaba. Aquel vacío que llevaba años sintiendo desaparecía mientras el lápiz se deslizaba elegantemente por la primera página de la libreta impoluta: