lunes, 12 de noviembre de 2012

24. El círculo del punto

Esta entrada lleva resistiéndose ya un par de semanas y es que hacía tiempo que no tenía problemas para sentarme a escribir. La cuestión es que el trabajo me ha absorbido por completo y el agotamiento no es el mejor aliado para escribir algo con sentido. Llegar a casa con la cabeza desordenada y temas pendientes dificultaba sobre manera la creación literaria. Incluso la lectura se me resistía. Así que me he refugiado en mi recién adquirido hobby: el scrapbooking. Es la nueva manualidad de moda y no sabéis lo que me alegro de haberla conocido. Montse me abrió la puerta de este mundo y no me arrepentiré nunca de haberla cruzado porque creo que era lo que mi mente necesitaba. Hacer algo creativo que me alejara de mis libros por unos momentos y que me ha hecho conectar con una parte de mí que había olvidado: la parte más plástica, más colorista, más “cursi”, más femenina. Soy muy novata en el campo del scrap pero con tantas “profes” siempre dispuestas a ayudar es difícil no querer scrapear. Qué pasión. Y es que el grupo de Scrapbooking en España es casi mi segunda casa. A veces es difícil seguir todas las publicaciones y admirar el arte que derrochan muchas de ellas pero si no paso al menos una vez al día me parece que me falta algo. Coger ideas, solventar dudas, charlar con otras scraperas, pedir consejos, participar en los intercambios, maravillarte con verdaderas obras de arte… Qué poco objetiva soy! Lo sé y me da igual. Me encanta!!
Mi primer bebé scrap en el
taller navideño de El Racó del Llimoner
Pero el miércoles llegué cansada a casa, muy cansada. Y me senté en el sofá derrotada. No tenía sueño y la tele… mejor ni os doy mi opinión porque no es muy agradable. Una tarde perfecta para descansar y scrapear. Lo intenté pero mi cuerpo no respondía. Así que decidí ponerme a hacer punto que es más tranquilo y lo puedes hacer tirada en el sofá. Tejer es otra de las manualidades del momento. Yo aprendí cuando iba al colegio. De pequeña recuerdo hacer corrillos mientras tejíamos sin parar en clase. Era divertido. Y sí, sí relaja. Más que evasión es una atención consciente de aquello que haces. Por un lado te olvidas de tus preocupaciones por un rato y, por otro, creas tu propia obra de arte. Y eso te hace sentir muy bien. Satisfecha por un trabajo bien hecho.  Y tejiendo un libro vino a mi cabeza. "El círculo del punto" de Ann Hood. Y me hizo pensar un ratillo.

Recuerdo que lo compré y leí hace un año más o menos. Me llamó poderosamente la atención la portada: “Las historias de la vida son como una labor de punto. Todo está entrelazado. Todo está relacionado.” Es una de mis máximas. Siempre he creído que todo está conectado: las personas que conoces, las situaciones que vives, las decisiones que tomas… Aunque nunca se me había ocurrido relacionarlo con una labor de punto. Y la curiosidad mató al gato. El libro acabó en mi casa. Era algo irremediable. La historia, verdaderamente dramática al principio, narra cómo Mary Baxter recupera su vida tras la muerte de su única hija por meningitis. El punto y las mujeres que conoce en la tienda donde va a aprender a tejer la salvan de la fuerte depresión que padece. La pérdida de su hija destruye su universo: no puede hacer nada, su matrimonio se hunde y no puede salir de casa. Será su madre la que la aconseje a hacer punto y es la mejor decisión que toma en su vida. No sólo por el nuevo hobby si no porque las mujeres que conoce tienen todas algo que enseñarle. Y el punto se convierte en una metáfora de la recuperación de su autoestima y de su vida. Y en cierta manera, hacer manualidades es un poco aprender a superarte a ti misma. De una bufanda, pasa a un calcetín o incluso un gorro y con la dificultad va quemando kilómetros, va superando etapas, va recuperando el control de su vida. El libro en cuestión es muy triste al principio. Así que coged un paquete de pañuelos si estáis flojit@s. Al final acabas enredándote en esa madeja de lana que se desenmaraña para convertir la historia en un bonito jersey. 
Cuando acabé de tejer mi muñeco. Me lo quedé mirando y pensé en todas mis amigas y conocidas que durante este año han empezado a hacer alguna manualidad: punto, crochet, broches de fieltro, bolsos, pulseras, scrap… ¿Era una moda? ¿Qué estaba pasando? Y una lucecita se encendió en mi cabeza. La manualidad te da una vía de escape, te hace dejar de pensar en los problemas, te hace perder la noción del tiempo, nada más parece existir. Y tu mente descansa de tanta crispación y caos. Y en este momento de crisis global eso es de agradecer. La manualidad no es más que un refugio, una vuelta a casa. Una manera de superarte sin asumir riesgos en el exterior, es como un campo de pruebas. Y con la superación manual llega la superación real.  No es casualidad que haya tanta gente que haya vuelto a ellas en este preciso momento. Escapar. Respirar. Crear. Cambiar.