martes, 15 de diciembre de 2015

39. Mi NaNoWriMo 2015: National Novel Writing Month

A Pere, por el NaNoWriMo 
alternativo que escribimos
aquellos días.


Para much@s escritor@s en ciernes, Noviembre es un mes importante en el calendario. ¿Qué sucede ese mes os preguntareis el resto de mortales? No es la entrega de ningún premio prestigioso, ni la publicación de la nueva entrega de Juego de Tronos. En Noviembre, el mundo se paraliza y algunos loc@s nos proponemos escribir una novela de 50.000 palabras. Y digo "nos proponemos" porque no todos lo conseguimos. Yo he sido una de tant@s a las que no han dado el banner de "winner" del NaNoWriMo ya que no conseguí superar el reto de las 50.000 palabras pero, a pesar de todo, estoy realmente satisfecha con lo conseguido.

Este noviembre me puse dos retos aunque no superé ninguno de los dos. El primero fue ponerme a escribir cada día pero pronto me di cuenta de que la vida me arrastra más de lo que me gustaría. La rutina diaria es el peor enemigo de cualquier escritor más si eres profesor, tienes que cerrar trimestre y el amor llama a tu puerta. Aún así, y obviando la última semana del mes que fue una locura de actividad, conseguí sentarme a escribir casi el 70% de los días. El Nano me ha venido muy bien para darme cuenta de que sacrifico la escritura ante todo lo demás, me cuesta encontrar el momento de sentarme a escribir y es que parece que el resto del universo es más importante que la hoja en blanco. Esta vez, aprendí que mi historia también importa y que si no la escribo, nunca lograré convertirme en aquello que tanto ansío: ser escritora.
  

El segundo reto fue llegar a un mínimo de 15.000 palabras que tampoco pude conseguir a pesar del ahínco que le puse. Sin embargo, valió la pena porque logré sacar tiempo casi a diario para escribir unas 500 palabras (los días que podía escribir) y puede que parezcan pocas pero 500 al día son 182.500 al año, toda una señora novela. He decidido que voy a extender mi reto de escribir cada día a lo que resta del año pero voy a empezar por 300 palabras al día e iré aumentado mes a mes hasta que consiga las 1650 que exige el NaNoWriMo para acabar el reto holgadamente el próximo año.

Otro de los problemas que he encontrado en el reto de las 50.000 palabras es que escribir por escribir sin una guía de ruta es muy complicado. Muchas veces me quedaba encallada o reescribía lo del día anterior, también estuve una par de días escribiendo otra historia porque me desesperé con la que tenía entre manos. En resumidas cuentas, que tengo que planificar más y acudir a otros textos para no quedarme bloqueada. El escribir otra historia por un par de días me ayudó a volver a la original con energías renovadas y avanzar. Creo que la historia que nació de la nada con el Nano tiene muchas posibilidades y será mi centro de trabajo durante los próximos noviembres hasta que la acabe.


Una de las cosas más bonitas es el apoyo de los compañeros de reto. No hubiera sido lo mismo sin el apoyo incondicional de Alicia Pérez Gil, que siempre me anima en los momentos de querer abandonarlo porque ya no quedan más horas al día. Pero al final conseguía ponerme aunque sólo fuera un pequeño párrafo porque algo era mejor que nada y por lo menos podía poner un tick al lado de "escribir cada día" en mi lista de objetivos diarios. 

El grupo de facebook también fue muy importante. Al principio fue abrumador porque hay profesionales del Nano que en tres días te escriben 50.000 palabras como quien se toma el cortado  por la mañana y sin despeinarse. También hay un grupo de acumuladores de palabras y luego estamos los novatos que no avanzamos ni a la de tres. El desánimo aumenta cuando ves el recuento de palabras de tus compañeros que crean a una velocidad inalcanzable para ti. El truco está en aceptar tu lentitud, abrazar el hecho que tu vida no te permite escribir tanto ni tan rápido y que, no por eso, eres peor que los demás. Nunca hay que olvidarse de disfrutar del proceso sin compararte con nadie porque cada uno es como es. Una vez entendido esto, pude escribir más relajadamente y las palabras crecían casi sin darme cuenta. 

Ahora que ya han pasado algunos días y la resaca del Nano ya ha desaparecido puedo afirmar categóricamente que el NaNoWriMo es una experiencia que todos los escritores deberían vivir. No solo para acabar con una novela en un tiempo récord entre las manos, sino para salir del ruido diario y disfrutar de un mes de mundos alternativos, personajes rebeldes y de la inestimable compañía de otr@s escritor@s que están viviendo tus mismos bloqueos y éxitos. 

Lo que más destacaría es que escribir en Noviembre, es escribir en compañía. Durante un mes no me sentí sola ante la página en blanco. Para las personas sociables como yo, dedicarse a una profesión tan solitaria como la escritura no es fácil porque me falta el otro, me falta compartir y el Nano es maravilloso en ese sentido porque no te encuentras sola ante el peligro. Me sentí muy acogida y apoyada por muchas personas que caminaban el mismo trecho del camino. Así que escritor@s del mundo, os espero en el próximo NaNoWriMo. Será una experiencia inolvidable.




sábado, 11 de abril de 2015

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sábado, 21 de marzo de 2015

38. Todos querían suicidarse pero ninguno quería morir.


Sinceramente hacía tiempo que no caía en mis manos un libro que valiera la pena reseñar hasta que en la lectura de este mes en el Club nos propusieron “Delicioso suicidio en grupo” de Arto Paasilinna. Ya el título era suficientemente goloso ¿no creéis? Aunque siempre hay esa incertidumbre inicial de cómo tratarán el tema de la muerte: ¿Será demasiado triste? ¿Estará en clave de humor? ¿Será muy gore? Y es que la muerte es un tema sobre el que cuesta escribir y se tiende a historias lacrimógenas de tono moralista que empalagan al lector.
Cuál fue mi sorpresa cuando Onni Rellonen deprimido en las festividades de San Juan por su última bancarrota decide suicidarse pegándose un tiro en un pajar cercano que parecía tranquilo. Al llegar al lugar elegido para su trágico final, se encuentra que alguien se le ha adelantado y está tratando de ahorcarse ante la atónita mirada de Rellonen quien interrumpe la tentativa del coronel Hermanni Kemppainen. En ese momento, ambos se dan cuenta de que no están solos. Y así comienza una gran amistad.


El conocerse cambia su estado de ánimo: están más contentos, hacen actividades juntos, comparten aficiones… y se dan cuenta de que su novedosa amistad puede ser muy útil para evitar más suicidios en Finlandia. El libro contiene una gran crítica a la sociedad finlandesa, al alto nivel de suicidios, de la envidia y la soledad de muchos ciudadanos. También se mencionan las políticas agrícolas, los problemas económicos, la posición de Finlandia en Europa y su relación con otras culturas. Un humor negro y mordaz que acompaña a los protagonistas en su viaje hasta el fatídico final.
Como iba diciendo Rellonen y Kemppainen (con la inestimable ayuda de una jefa de estudios, Helena Puusaari, que también desea acabar con su vida) organizan un movimiento social inaudito: una asociación de suicidas. Ponen un anuncio buscando gente que quiera compartir su deseo de matarse, celebran una conferencia donde se reúnen suicidas de toda Finlandia y es allí dónde deciden acabar con sus vidas todos juntos a modo de protesta. Un incidente inesperado en casa del embajador del Yemen, hace que las cosas se precipiten y el grupo de asociados deciden huir del país en autobús lo más rápido posible ante la posibilidad de que la policía los encarcele. Y así comienza la aventura de una  treintena de suicidas que deciden poner rumbo al Cabo Norte para tirarse por un acantilado todos juntos en un acto heroico. “Delicioso suicidio en grupo” es una tierna roadmovie hacia un final pactado. Sin embargo, a medida que el viaje se va desarrollando y se van recogiendo nuevos suicidas la nueva familia va reconectado con la alegría de vivir y el autobús se convierte en su hogar. No es de extrañar que al llegar al acantilado decidan posponerlo hasta Suiza, un lugar de montañas bucólicas ideal para morir. Y viajan, viajan retrasando ese momento elegido hasta llegar a Portugal donde tienen la gran revelación.

No voy a avanzar mucho más porque creo que es un libro que hay que leer. En una sociedad donde la soledad es cada vez más acuciante, donde la competitividad, la envidia y el egoísmo están a la orden del día; la comunidad que se crea en ese autobús de suicidas finlandeses da mucho que pensar. El amor, la amistad, encontrar un sentido a la vida, cambiar de aires, compartir, viajar… Los ingredientes perfectos para que el parásito mortal no te vaya royendo por dentro.
A pesar de ser un libro con cierto toque de humor, hay momentos dramáticos con las pérdidas inevitables de algunos personajes que, a pesar de los demás, no consiguen verle la luz a la vida porque hay veces que la luz se oculta tras el velo de la soledad, la tristeza o el dolor vital. Son muertes dignas y respetadas, pero muertes al fin y al cabo.
Es un libro dulce, divertido y esperanzador. Encontrar el sentido a la vida no siempre es fácil ¿o hay muchos que tengan claro su misión en la vida? Pero a pesar de las épocas oscuras; el sentido de pertenencia a un grupo, una tribu, que sienten y respiran como tú, que arropan, que sufren y padecen y hablan la misma lengua emocional ayuda a ver la luz al final del túnel. Y es lo que consigue este grupo tan peculiar: ven la luz en su viaje hacia la muerte y deciden posponerla para disfrutar de la vida, hacer aquello que les anima a continuar hacia adelante a pesar de las dificultades que se les crucen en el camino y ser simplemente felices.  
Afortunadamente yo me siento muy agradecida de tener a mi tribu que me acompaña, me arropa, me escucha y me muestra en muchas ocasiones que no hay que desfallecer, que realmente hay luz, sólo hay que saber verla y confiar en que llegará a inundar todo el horizonte como un precioso amanecer estival a la orilla del mar. Gracias, gracias, gracias.