lunes, 4 de junio de 2012

11. Don José: El perfecto funcionario

Soy profesora de secundaria y pertenezco a ese grupo privilegiado de vagos e insolidarios que pueblan el mundo intentado conservar la poca dignidad que les queda. Y es que hoy en día está mal visto ser funcionario. Hace unos años éramos un gremio invisible, nada importante… ¿Para qué sacarse unas opos si se podía ganar el triple que cualquier funcionario sin ni tan siquiera tener el graduado en ESO? Así se veían grandes marcas de coches a manos de niños que los mostraban al mundo como signo de prosperidad. Dinero rápido y fácil sin tener que pasarse horas estudiando encerrado entre cuatro paredes, sin parecer un vampiro famélico, sin sentirse culpable por tomar un café con las amigas… Sí, nadie se acordaba de nuestros nombres cuando era época de vacas gordas. Ahora, en un giro inesperado del destino, somos los que debemos pagar los platos rotos, somos “privilegiados” a los que se les ha retirado el derecho a réplica, no tenemos derecho a protestar porque…. Al menos tenemos trabajo. Y el trabajo, hoy en día, es un lujo accesible a unos pocos afortunados. Y así hemos visto cómo nuestro poder adquisitivo ha bajado en más de un 20% en menos de un año y medio, nuestra jornada se incrementa cada mes, la ratio por clase aumenta por exigencias del guión aunque, eso sí, se nos exige mantener la calidad de la enseñanza pública intacta… Y el funcionariado cada vez está más harto de que le sigan tomando el pelo.


Y en este clima de crispación y crisis, Todos los nombres de José Saramago cayó en mis manos. Era el libro del mes de mayo en el Club de Lectura y aunque ya me lo había leído hace años, lo releí ávidamente. Y es que, a pesar del tiempo pasado, la novela está más vigente que nunca. Es la historia del funcionario perfecto, Don José, quien trabaja en la Conservaduría General de Registro Civil anotando los nombres de los que nacen y mueren. Don José, hombre gris y solitario donde los haya; nunca ha fallado al trabajo, respeta la jerarquía, realiza su tarea a la perfección y vive en la única casa para funcionarios que ha quedado en pie adherida a la entidad tras una reorganización urbana... Y aún teniendo acceso directo por una puerta interior que comunica con el registro, da la vuelta a la manzana para entrar puntual a su puesto de trabajo!!!

Todo cambia cuando hay una propuesta de modificar la organización de los expedientes de los muertos: quieren trasladar los muertos recientes cerca de los vivos, porque, así se ahorrarían visitas arriesgadas atados al hilo de Ariadna a las entrañas del Registro General. Esta lógica propuesta desde la misma Conservaduría, hace tambalear el mundo de Don José a quien la rutina y la monotonía han conquistado. Decide  dedicarse más a su hobby (recolectar fotos de famosos que salen en revistas) pero, no teniendo suficiente con lo que explican las revistas sobre ellos, cada noche se adentra en la oscuridad del archivo en busca de todos los nombres de esos personajes públicos y los anota pulcramente en sus fichas completando la biografía inédita de aquellos monigotes de papel. En una de esas expediciones, el expediente de una mujer desconocida se  cuela entre los otros expedientes de manera fortuita. Lejos de descartarla por su anonimato, la mujer se convierte en su prioridad, le parece más interesante que los famosos que colecciona. A Don José se le queda corto anotar los pocos detalles que hay en el registro sobre aquella mujer y empieza a buscarla. Y en la búsqueda, algo en el interior del escribiente despierta. Lucha contra sus miedos, se salta normas, enferma y falta al trabajo, establece relaciones… necesita llenar ese vacío que ya no consigue llenar con el trabajo. Inicia un viaje interior a través de la búsqueda de esa mujer.
Enseguida empaticé con él y es que la rutina puede convertirse en una pesadilla. El trabajo ya no supone una novedad y la vocación se acaba convirtiendo en una obligación. Cada vez inventan nuevas formas de complicarte la vida con papeleo absurdo y al final acabas haciendo de todo menos enseñar y es inevitable descubrirte si no quieres volverte loc@. Don José incluso cae enfermo para procesar todo aquello que le está sucediendo. No os desvelaré el final porque vale la pena leerlo, sobretodo en estas fechas inciertas… Don José, el perfecto funcionario, da las claves para un cambio silencioso y a la sombra, un cambio desde el interior. Paciente y constante como el trabajo de una hormiguita. Me ha enseñado que es posible, que personas como yo a las que les agobia las aglomeraciones de gente y que por ello no han asistido a ninguna protesta indignada, puede alzar su voz de una manera discreta y aparentemente inapreciable y, aún así, cambiar muchas cosas lejos de la ira, la crispación y el desencanto. Sólo me cabe concluir con una cita de José Saramago que resume a la perfección esta maravillosa novela: “Conoces el nombre que te dieron. No conoces el nombre que tienes.” Y tú, ¿ya sabes cómo te llamas? ;-)

6 comentarios:

Alicia Pérez Gil dijo...

Hace unos años ya que leí Todos los nombres. Me encanta leer los análisis de obras que compartimos porque generalmente vemos cosas completamente distintas. Eso me enriquece.

Yo detesto las aglomeraciones de personas y he estado encerradita durante mucho tiempo, pero siempre hay cosas que se pueden hacer. Quienes escribimos, además, podemos llegar a muchos, así que no sabes cuanto me alegra leer que has encontrado una manera, la tuya, de contribuir a cambiar el mundo.

Felicidades!

Érie Bernal dijo...

Gracias Alicia!! Bonito comentario. Estoy completamente de acuerdo contigo en que los escritores podemos llegar a muchos y cambiar muchas cosas. Yo también he aprendido que también se pueden cambiar las cosas desde dentro, enseñando a los niños que pueden tomar otras decisiones diferentes, decisiones que pueden hacer un mundo mejor.

erola dijo...

Hola Esther, tot un plaer llegir-te! Felicitats!

Érie Bernal dijo...

Hola wapa!! Gràcies!! m'alegro que t'hagi agradat!!

Píramo dijo...

Saramago siempre ha tenido el ingenio de colocar a sus personajes en situaciones extremas que les obliga a replantearse su mundo. Debería haber escrito algo sobre un mundo sin profesores.

Érie Bernal dijo...

jeje pues sí,Píramo, podríamos haber aprendido mucho de una historia como la que propones. Esta, sin embargo, creo que es un gran ejemplo de lo que podemos hacer nosotros porque, a pesar de no hablar de nuestro gremio, nos puede ser muy familiar. Saramago es un gran contador de historias del día a día.