lunes, 27 de febrero de 2012

03. Tempus Fugit: Sólo tú decides qué hacer con el tiempo que se te ha otorgado






Releer Momo ha sido un regalo. Siempre he dicho que hay libros que caen en tus manos en el momento justo y éste es uno de ellos. Es como aquel dicho que afirma que el maestro aparece cuando el discípulo está preparado para encontrarlo. Recuerdo a Momo con un intenso cariño pero ha sido ahora, casi veinte años más tarde, que le he exprimido el jugo hasta la última gota.

Momo nació en 1973 y sin embargo podría pasar, sin duda alguna, por una niña del nuevo milenio. Y es que la historia que Michael Ende está de rabiosa actualidad. Los hombres grises roban tiempo a los humanos a través de engaños publicitarios dónde hablan de los beneficios futuros del ahorro del tiempo (Los ahorradores del tiempo viven mejor, Los ahorradores del tiempo son dueños del futuro, Cambia tu vida: ahorra tiempo, El tiempo es precioso-no lo pierdas, El tiempo es oro – ahórralo). Son como los banqueros de nuestro tiempo que venden planes de pensiones a treintañeros porque nos hacen creer que no podremos disfrutar de la jubilación, que fomentan el miedo a lo que vendrá. Son tiempos de crisis y hay que ahorrar pase lo que pase para que algunos hagan negocio con nuestro tiempo y dinero.
El dinero en Momo es el tiempo y resuena a la película In Time que comenté en el post anterior. Así que no voy a volver a repetir lo que ya dije anteriormente sobre disfrutar el tiempo que te ha sido otorgado. Hay, sin embargo, algo más valioso en el texto que, años después de mi primera lectura, me ha llamado poderosamente la atención: Es el papel principal que juegan los niños en la sociedad y es que los niños son, nos guste o no, los creadores del futuro.
Momo propone un sistema educativo muy diferente al que estamos acostumbrados. Ella sabe escuchar y eso permite que la gente tenga grandes ideas por sí mismas, que sean creativos. Al principio de la historia los niños inventan fantásticas aventuras todas diferentes con las que se divierten, no necesitan juguetes porque tienen a la imaginación de su parte.
Una vez llegan los hombres grises a la ciudad, todo cambia. Los niños se quedan solos ya que sus padres dedican todo su tiempo a ahorrar más tiempo. Momo los acompaña en esos momentos de soledad pero poco a poco se da cuenta de que los niños traen juguetes más sofisticados aunque poco versátiles. Una escena impactante es cuando Momo encuentra a Bebenín, la muñeca perfecta; que algún niño ha olvidado. Intenta jugar con ella pero pronto descubre una sensación que no había sentido nunca antes: aburrimiento mortal. A pesar de ser una muñeca perfecta, el juguete sólo repite tres frases: “Soy Bebenín, la muñeca perfecta”, “Te pertenezco por eso te envidian todos” y “Quiero tener más cosas”. Momo se queja de que no puede jugar con ella y muestra su frustración porque “precisamente por hablar, Bebenín impedía cualquier diálogo” coartando así todos los intentos por inventar bonitas conversaciones y dar rienda suelta a la imaginación. Es entonces cuando uno de los hombres grises, al ver una grieta en Momo; porque, a pesar de todo, la niña quiere jugar con aquella muñeca tan preciosa, aparece para enseñarle a jugar con la muñeca: el secreto está en comprarle todo los complementos y cuando ya los tenga todos, comprar compañeros de la muñeca con sus respectivos accesorios. ¿No os recuerda a una muñeca rubia de medidas artificialmente perfectas y que es un icono del siglo XX?
La estrategia del hombre gris por convertir a Momo en una más de sus víctimas se destruye porque Momo, con su habilidad para escuchar, descubre el secreto de los hombres grises: Viven del tiempo que roban a los humanos.
Tras el descubrimiento de la verdadera naturaleza de los hombres grises, son los niños los que se movilizan como una tal “primavera valenciana” para intentar despertar a los adultos de su ensoñación, para sacarlos de su engaño y los animan a una movilización:
Oíd todos qué decimos:
Casi es tarde, vigilad,
Que os roban vuestro tiempo;
No seáis tontos, despertad.
Oíd todos qué decimos:
No os dejéis engañar más,
El domingo a las tres,
No seáis tontos, acudid.
Pero los adultos jamás vienen a la convocatoria. Los hombres grises han ganado y es que a todos los adultos les falta tiempo para escuchar a Momo quien es la que puede sacarlos de la absurda obsesión por ahorrar tiempo. Momo es una amenaza y los hombres grises deciden atraparla. Aún así, la niña logra escapar y se refugia con el Sr. Hora gracias a la intervención de la tortuga Casiopea.
Los hombres grises cada vez tienen más tiempo acumulado. Han ganado la partida o al menos es lo que piensan. La desaparición de Momo les ha dado un margen de actuación aunque no intuyen que la niña se ha convertido en un arma poderosa ahora que ha aprendido el origen del tiempo.
A la vuelta, Momo se encuentra un lugar completamente distinto al que había dejado. Sus amigos han caído en la estela de los ahorradores del tiempo y ahora disfrutan de la fama (Gigi) o barren sin aliento (Beppo). Sus amigos, los niños ya están solos y los adultos deciden que lo mejor es meterlos en “depósitos para niños” donde se les “enseña a jugar” con juguetes que sean “útiles para su futuro” prescritos, obviamente, por los hombres grises. La descripción de lo que son nuestras escuelas actuales no tiene desperdicio. Son lugares donde “cuidan a los niños” porque ya no pueden cuidarse solos y donde se les enseña a jugar porque los niños ya son incapaces de crear sus propios juegos. Se han quedado sin imaginación, se han transformado en “desencantados, aburridos y hostiles, hacían lo que se les exigía. Y si alguna vez los dejaban que se entretuvieran solos, ya no se les ocurría nada. Lo único que todavía sabían hacer era meter ruido, pero ya no era un ruido alegre, sino enfadado e iracundo.” Reconozco la descripción en muchos de mis alumnos que han perdido toda capacidad de ser autónomos, que se aburren en la hora del patio y se dedican a tirarse piedras por aburrimiento y me invita a hacer una reflexión sobre lo que estamos enseñando en las aulas. Poco después serán los mismos niños quienes rechazan la invitación de Momo al anfiteatro: “No nos dejan perder el tiempo inútilmente.” Y le razonan que no se aprende nada con los juegos que se inventan. No hay una practicidad y por eso se desprecia la imaginación sin tan sólo tener en cuenta que, la imaginación, es fuente de toda creatividad y la raíz de toda autenticidad y originalidad; aquello que te hace diferente y único porque te hace pensar por ti mismo.
Valoro positivamente la crítica que hace Ende de los tiempos modernos porque a pesar de estar escrita en los años 70, Momo se siente cercana a nuestra realidad en pleno siglo XXI. No os explicaré el final porque creo firmemente que es una lectura altamente recomendable para todas las edades. A ver si de una vez por todas dejamos de tropezar con la misma piedra una otra vez y conseguimos, por fin, aprender de nuestros errores. Escucha la música que acompaña a las flores horarias de tu corazón y no te olvides tampoco del niño que todos llevamos dentro porque sólo tú decides qué hacer con el tiempo que se te ha otorgado.

Para más información:

8 comentarios:

Píramo dijo...

Momo es un personaje de una ternura entrañable, llena de luz, de pureza. Su mejor rasgo es el de saber escuchar. Hoy todas las conversaciones son solapadas, nadie escucha lo que dice el otro, sólo imponen el volumen de su voces. Con Momo, uno siente nostalgia de las conversaciones pausadas, al calor de un buen vino, sin prisas, paladeando las palabras, sus tonalidades confidentes. Ebrios de palabras hasta el amanecer. Gracias, Erie, por recuperar esta grata lectura.

Érie Bernal dijo...

Gracias Píramo por tu comentario. Sin duda; las conversaciones han cambiado, la gente va con prisas y las redes sociales han hecho que se prime la velocidad en las comunicaciones. ¿Es twitter el que te limita a 140 caracteres? Comparto contigo la nostalgia de una larga conversación lejos de temas triviales con buenos amigos alrededor de una buena comida o un simple café, sin mirar relojes, sin prisas, sin pensar en lo que tenemos que hacer después. Simplemente disfrutar del momento y escuchar al otro con detenimiento. La falta de paciencia y tiempo a menudo nos impide desarrollar la habilidad que tiene Momo de saber escuchar. Hace poco encontré una frase que contiene una gran verdad: Hablar es una necesidad, pero saber escuchar es todo un arte.

La Urraca dijo...

Espero que pronto tu brújula vire hacia el sur y que esta vez la visita sea larga y relajada. Disfrutaremos de mi techo, de mi pequeño tigre y de buenas conversaciones hasta altas horas de la madrugada.

Érie Bernal dijo...

Mi brújula virará en breve para disfrutar relajadamente de tu compañía, de tu techo y de tu pequeño tigre que debe estar enorme!!! No hay nada mejor que una buena conversación hasta que la noche deje de ser noche para convertirse en un nuevo y maravilloso día.

Scrow dijo...

Curioso libro... la verdad es que me suena mucho esa película de dibujos, creo que la vi de pequeño.
Intentaré abrirme un hueco para poder verla, me gustaría leerme el libro pero creo que no podre dedicarle el tiempo suficiente.


Muchas gracias por la lista de distopías que dejaste en la entrada anterior, me vendrán muy bien :).
¡Hasta la próxima!

Érie Bernal dijo...

Qué daño ha hecho el cine a la literatura!! ;-). Creo que la peli te introducirá al mundo de Momo pero no podrás evitarlo y, al final, te verás impulsado a leerte el libro.
En una cosa estoy contigo, que hay que tener tiempo para leer con calma y degustar las palabras. Aunque hay libros que tienen la habilidad de hacer huecos hasta en las agendas más apretadas (y hablo por propia experiencia). Espero que algún día, incluso en un futuro lejano, encuentres un momento para conocer a Momo de primera mano.
Me alegra saber que las distopías que te pasé, te sean de utilidad. Hasta la próxima!!

Fernando Rubio Pérez dijo...

Gracias, Erie, por descubrirme a Momo, pues no le conocía. Y felicidades por tu blog. Un saludo.

Érie Bernal dijo...

Gracias Fernando por leerme, yo también le he echado un ojo al tuyo y también quiero felicitarte por la entrega que le pones a tu blog. No sé de dónde sacas el tiempo para leer tanto ;-)! Un saludo.