martes, 18 de octubre de 2016

42. La educación natural


Tengo momentos en la vida en los que me gustaría ser como Captain Fantastic e irme a vivir al bosque lejos de esta sociedad que me rodea. Captain Fantastic hace una crítica brutal al sistema educativo en general, no sólo por el lado tradicional si no también a las nuevas corrientes alternativas que están aflorando en el intento de dar respuesta a las inquietudes de muchas familias. Captain Fantastic narra la historia de una familia que educa a sus hijos en un entorno natural sin ningún tipo de intereferencia con el mundo actual. Leen libros que después critican, tocan instrumentos, cazan, tienen su propio huerto y son casi autosuficientes. La crisis se inicia cuando la madre de la familia se suicida al no poder gestionar su enfermedad mental. Y con su muerte, la familia de Captain Fantastic decide ir al funeral (ya que la madre estaba ingresada en un hospital donde decide acabar con su vida) y se encuentra con una sociedad que desconocen.   

Como muchos sabéis soy profesora de secundaria en un instituto público. Siempre he sido muy escéptica ante el sistema educativo que tenemos y, aunque creo que no es el mejor del mundo, no he encontrado ninguna opción de escuela libre que me acabe de convencer. Hay muchos proyectos muy interesantes en primaria pero suele importar poco la época adolescente donde escasean los programas educativos alternativos. Muchos defienden que los niños que han asistido a escuela libre en su más tierna infancia se adaptan increíblemente bien a la escuela tradicional. Pero, ¿es adaptación lo que queremos realmente? Si la solución a la escuela tradicional es un sistema libre, ¿por qué obligamos a nuestros adolescentes a asistir a un sistema retrógrado y anticuado? 

Debe ser duro para cualquier alumno que ha aprendido en un sistema libre entrar en un sistema altamente regulado, castigador, impositor, altamente directivo y pasivo. Veo en mis alumnos pocas ganas de participar y de ser proactivos, como si estuvieran adormilados. Y es que no es fácil estar seis horas seguidas con una pausa de treinta minutos entre medio sentados escuchando lo que cada profe repite sin fin hora tras horas exigiendo un silencio "necesario" para el aprendizaje. Sin darnos cuenta, los niños lejos de concentrarse al son del silencio, se dispersan con una facilidad pasmosa y descuentan los segundos con avidez. Adolescentes de la sociedad más visual y rápida hasta el momento permanencen sentados y en silencio, en fila y dormidos, encontrando su escapatoria en el entorno virtual. 

Reconozco que me costaría mucho ser adolescente en el momento actual, un poco como les pasa a los hijos del Captain Fantastic que no reconocen el mundo que les rodea casi como si fueran unos extraterrestres acabados de aterrizar en el planeta. La película muestra la polaridad entre dos mundos, ni la sociedad actual es la respuesta, ni la solución puede ser escapar del mundanal ruido. La gestión del cruce de caminos entre ambas realidades en el film muestra a un Captain Fantastic más cercano a la sociedad sin  renunciar a sus creencias ni mirada al mundo. Una reconciliación de ambas realidades que les devuelve a él y sus hijos a un ansiado mar en calma.

Yo, tras haber pasado por varias crisis vocacionales, empiezo también a encontrar la paz mientras observo cómo poco a poco el sistema educativo va cediendo a nuevas posibilidades. Ahora que la escuela libre es una realidad para muchos en sus diferentes aplicaciones, el sistema educativo tradicional empieza a buscar la manera de reinventarse y modernizarse para dar respuesta a las necesidades de una escuela inclusiva que no acaba de funcionar repleta de alumnos que están soberanamente aburridos aunque el profesor se disfrace de gallina para motivarlos. Espero con ilusión que el proyecto de Escola 21 acabe por eclosionar y afianzarse y que al final las escuelas directivas sean la excepción que confirme la regla en el entorno educativo del siglo XXI.


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